¿El trabajo define nuestra identidad?

Siempre me ha parecido extraño cuando la gente dice “Soy (abogado, doctor, profesor, arquitecto, etc.)”, como si fuéramos lo que hacemos.

Por años y años (a veces parecen siglos) fui a trabajar a una oficina, igual que hizo mi mamá. Tener un trabajo me daba la sensación de ser alguien, un sentido de identidad. No solamente llenaba la mayor parte de las horas del día, sino que podía decir “soy … algo”. Despertarse en la mañana de afán para llegar a la oficina, para completar una serie de tareas, para llegar a la casa y tener una respuesta rápida cuando alguien preguntara “qué haces o, mejor, quién eres”, te da seguridad.

Me sentía orgullosa de tener una profesión, una oficina, tarjetas de presentación. Pero también me sentía encarcelada. No era dueña de mi tiempo. Me sentía como un robot que recibe órdenes, cumple órdenes y se va a la casa a chequear el email en caso de que haya algo más que hacer. Tenía que pedir permiso para ir al médico, salir de vacaciones, cualquier cosa que me obligara a estar fuera de la oficina. Es decir, la compañía donde trabajaba era la dueña de mi tiempo y de mi vida, de alguna manera.

Así que a los 48 años renuncié a mi trabajo y me lancé al vacío. Ahora cuando la gente me pregunta, digo que estoy “en transición”, no sé de qué ni hacia dónde. No es el estatus ideal. Y a veces me siento rara. ¿Quién soy si no tengo un trabajo? ¿Ya no soy “importante”? ¿El trabajo nos define?

Yo pensaba que iba a estar como el oso polar del zoológico de Barcelona, que se pasea de un lado al otro en su jaula, incluso si me dejaban salir. Pensé que no iba a saber cómo ser libre y saber qué hacer con mi tiempo. Me ponía ansiosa al principio sin un calendario de Outlook que dictara cada hora del día.

No tener trabajo es como estar en un tren con destinación desconocida. La incertidumbre te pone ansioso y lo hace pensar a uno en las cosas más horribles. Aunque tener un trabajo no es nada seguro, porque todos sabemos que se puede terminar en cualquier momento. Pero tener un título te da una identidad. Sabes quién eres.

Resulta que sigo siendo la misma persona, no me estoy paseando de un lado a otro en la jaula, al contrario, estoy disfrutando de mi tiempo y mi vida. Estoy ensayando nuevas cosas. Escribiendo este blog por ejemplo. Me estoy dando la oportunidad de ser algo más que un cargo profesional. Estoy aprendiendo a aceptar que no sé hacia dónde voy. A que no me importe cuando la gente me mire raro porque no digo “Soy esto y aquello y aquí está mi tarjeta de presentación”. Claro que tengo que inventarme la manera de ganar plata. Pero no quiero sentir que tengo que entregar mi vida a cambio de eso. Prefiero tomar el riesgo y que la vida me sorprenda.

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