Abuse without punches

A woman can be battered without punches. There are many ways to humiliate her, denigrate her, destroy her. With insults, silence, psychological abuse, pressure, oppression, there are numerous means to tell her she is not worth anything, without even touching her.

A bruise is a physical proof of the abuse and it makes it easier to expose, but when there is no evidence, the abuse can last a long time without being noticed, even by the victim.

Some men feel they have the right to tell “their” women how to look. One of their favorite weapons is to criticize our physical appearance. In their eyes, we are either too fat, or not “meaty” enough, we dress either too sexy or like a nun, too much make-up or not enough, the hair is too short or too long.

A guy I dated once got mad at me because he thought the skirt I was wearing was too short and I looked too sexy and was too flirtatious. I quickly sent him to hell. But I’ve seen, with horror, women change their clothes to please their guys. I heard a guy shame his wife in public because she was too fat.

They torture us by criticizing our bodies and making comparisons with other women. Someone I was with used to compare me with his ex-girlfriend and she was of course, way better than me, according to him. They use comparison to denigrate us and “put us in our place”. So we learn not to be “stuck up”.

I have an advice: if the guy you are dating doesn’t like your face, your body, or how you dress, LEAVE HIM! He will never stop criticizing you. It is a manipulating tool.

Career

In a lot of couples I know, the priority is the career of the husband and nobody questions that. The woman’s job is complimentary, something to keep us busy and contribute to the home’s economy. If it’s low profile and doesn’t get a lot of attention, even better.

A high percentage of highly qualified women with prominent jobs pay the high visibility in the office with an unfaithful husband at home.

The career of the man is worth all the family’s sacrifices. Men have careers, women have jobs. Even when the woman makes more money than the man, which is increasingly more frequent these days, the career of the husband takes priority.

Often, when this happens, the man adopts a very critical attitude, ready to find any possible “fault”. Women have to prove that they can do it all without making any mistakes, which is obviously impossible. Also because, the domestic work and childcare is still our responsibility. No matter how hard we work outside the house, we still carry the burden of domestic work for the most part.

Humor with darts

We are belittled with jokes that are supposed to be harmless and funny, but that in reality are darts meant to break us into pieces. “You run like a little girl” “You have no idea how to drive a car” “You will never learn to add 2+2”.

That’s another strategy, to make us believe that we are not good at anything, that we look ridiculous by trying. To make us feel we are incompetent at home and/or at work. Talking to us like little girls is another way of putting us down.

Ignoring what is important for us. If you are with someone who never asks how you are feeling, or what is important to you, or what your goals and priorities are in life, start running!

Often, conversations turn around what is important for him, not for her. We asume that for a “good” woman her priority is and should be the wellbeing of everyone around her but herself.

The problem is that a lot of these attitudes are the result of what is accepted and reinforced by religion, traditional family values, and the culture in which we grew up. We think it is normal for guys to talk to us like girls and to be made fun of. We are used to thinking that being docile and selfless is a feminine virtue.

Emotional abuse leaves invisible and profound marks. It takes away our self-esteem, the faith we have in ourselves, and the desire to live. We have to break the myth of the docile woman and leave relationships that hurt us.

Are you in a relationship that makes you feel insecure and worthless? Share your story.

Abuso sin golpes

No sólo con golpes se castiga a la mujer. Hay muchas maneras de humillarla, denigrarla, destruirla. Hay insultos, hay silencios, hay abuso sicológico, hay presión, hay opresión, hay formas de decirle que no vale nada sin tocarla.

Las lesiones físicas son una prueba tangible de abuso y lo hacen más fácil de delatar, pero cuando no hay prueba física del maltrato, puede pasar desapercibido durante años, incluso para la víctima.

Criticar nuestra apariencia física es una de sus armas favoritas. Que si estamos gordas o flacas, que si la ropa que usamos es demasiado sexy o de monja, que si usamos mucho maquillaje o muy poco, que si el pelo está muy largo o demasiado corto. Los novios y esposos se sienten con el derecho de decirle a “sus” mujeres cómo deben lucir.

Un hombre con quien salí hace ya un tiempo me criticó porque la falda que tenía puesta estaba muy corta y me hacía ver demasiado sexy, además le parecía que yo era coqueta. Lo mandé al carajo rápido. He visto con horror a mujeres cambiarse de ropa para complacer a sus parejas. Escuché a un marido avergonzar a su esposa en público por verse muy gorda.

Nos torturan criticando nuestro cuerpo, comparándonos con otras mujeres más bonitas. Usan la comparación con otras para denigrarnos y “ponernos en nuestro lugar”. Para que no seamos “creídas”.

Yo tengo un consejo: si a tu novio no le gusta tu cuerpo, tu cara, o cómo te vistes, déjalo! Nunca dejará de criticarte!

Carrera

En muchas parejas que conozco la prioridad es la carrera del esposo y eso no se cuestiona. El trabajo de la mujer es complementario, algo para mantenernos ocupadas y ayudar a la economía familiar. Si es un trabajo de bajo perfil y donde no llame mucho la atención, mejor.

Un alto índice de mujeres destacadas profesionalmente, pagan su éxito en la oficina con los cachos de su esposo en la casa.

La carrera del hombre bien vale los sacrificios de toda la familia. El hombre tiene una carrera, en el caso de la mujer es solo un trabajo.

Incluso cuando la mujer gana más dinero que el hombre, lo que es cada vez más común, la carrera del hombre tiene prioridad. A menudo cuando ese es el caso, el hombre adopta una actitud crítica, listo a encontrar las “faltas” de la esposa.

La mujer casi tiene que probar que puede hacerlo todo y no fallar en ningún aspecto. Lo cual es obviamente imposible. Porque además, las tareas del hogar siguen siendo la responsabilidad de la mujer.

Humor con dardos

Nos denigran burlándose de nosotras. Nos infantilizan con comentarios que en apariencia son chistosos e inofensivos, pero en realidad son dardos para hacernos pedazos por dentro. “Corres como una niña chiquita”, “No tienes idea de conducir”, “Nunca vas a aprender a sumar 2+2”.

Esa es otra de sus estrategias, hacernos creer que no servimos para nada, que no hacemos nada bien, que nos vemos ridículas intentándolo. Hacernos sentir incompetentes en la casa o en el trabajo. Dirigirse a nosotras como si fuéramos niñas chiquitas o tontas es otra manera de rebajarnos.

Ignorando lo que es importante para nosotras. Si sales con alguien que no te pregunta cómo te sientes, qué es importante para ti, a dónde quieres llegar, cuáles son tus prioridades, sal corriendo!

Con frecuencia las conversaciones giran en torno a lo que es importante para él y no para ella. Se asume que para una mujer “buena” la prioridad es su familia y el bienestar de todos los que están a su alrededor, menos ella misma.

El problema es que muchas de estas actitudes son el resultado de lo que es aceptado y reforzado por la religión, la familia, la cultura en que crecimos. Nos parece normal que nos hablen como niñas y se burlen de nosotras. Estamos acostumbradas a pensar que ser dóciles y sacrificadas son virtudes femeninas.

El abuso emocional deja huellas invisibles y profundas. Acaba con nuestra autoestima, la fé en nosotras mismas, las ganas de vivir. Hay que romper con el mito de la mujer dócil y alejarse de relaciones que hacen daño.

El machismo tiene muchas formas

Hace unos años un amigo logró convencerme de que el problema conmigo no era tanto lo que yo decía, sino el “tono” que tenía al hablar. “Es el tono Mati, la forma como dice las cosas”. Y yo me lo creí. A las mujeres nos enseñan a ser sumisas y dóciles desde chiquitas. Nos enseñan a hablar con una voz aguda y a terminar las frases en subida, como si estuviéramos preguntando algo. No suena bien que nosotras digamos cosas con convicción, afirmando como si supiéramos de qué estamos hablando. El uso del afirmativo y el imperativo nos es prohibido a las féminas! No nos suena bien.

Nos tildan de brujas, faltas de macho, histéricas, y la lista sigue. Hay miles de palabras para insultar a las mujeres. Aprendemos desde niñas y sin darnos cuenta, a presentar nuestras ideas y teorías de manera que no ofenda a nadie. Empezamos las frases con palabras como “Tal vez”, “Qué tal si intentamos”, “Yo creo…” Para que el hombre sienta que es él quien aprueba.

Después de esa conversación con mi amigo, estuve ensayando cómo decir las cosas con otro “tono”. Tengo un tono de voz grave y un carácter fuerte y por eso me he sentido culpable, me he metido en problemas. He sido tildada de “dominante” y “brusca”. Adjetivos muy malos para una mujer. Los hombres dominantes en cambio, son respetados y admirados. Los bruscos son sexys.

Otra clásica forma de machismo es el famoso “mansplaining”, convertido en verbo por el libro Men Explain Things To Me de Rebeca Solnit. Hay que leerlo. Me ayudó a ver claramente porqué me sentía tan incómoda cuando me hablaban como si no entendiera nada. Antes me daba rabia, ahora me da risa y me voy cuando un hombre empieza a explicarme el mundo como si yo tuviera cinco años. No importa si uno sabe más sobre el tema, el hombre tiene que explicarnos las cosas. Los hombres se sienten con el derecho inherente de darle sentido al mundo y explicárnoslo. Solo por el hecho de ser hombres. Muchas veces nuestro punto de vista ni siquiera importa. No hay diálogo, es un largo y aburrido monólogo en lugar de una conversación.

Incluso hablando con amigos, me doy cuenta de que ellos tienen que tener la última palabra en una discusión. Y adoptan un tono condescendiente “No, tú no entiendes, las cosas son así”. Y no hay manera de que no ganen la discusión. Ellos saben más.

En reuniones de trabajo, frecuentemente los miembros del sexo masculino, que son los que manejan los presupuestos, los que tienen los cargos más altos, también son los que dominan las discusiones y toman las decisiones finales. A las mujeres nos dejan alegar, hablar un rato, pero al final ellos tienen la última palabra.

El machismo se vive en todas partes y de mil maneras. A veces estamos tan acostumbradas que no nos damos cuenta. Cuál es tu historia más reciente de machismo? Compártelo aquí.

Machismo comes in many forms

A few years ago, a friend was able to convince me that is wasn´t really what I said, but the way I said it. “It´s the tone Mati, the way you say things”. And I believed it. Women are taught from an early age to be submissive and docile. We learn to speak with an acute tone of voice and to end sentences in crescendo as if we were asking a question. It doesn´t sound right for a woman to speak with conviction as if she knows what she´s talking about. The use of the affirmative and imperative tenses is forbidden to women! It´s not considered feminine.

We are called witches, bitches, tomboys, authoritarian, and the list goes on and on. We learn since early childhood and without even noticing to present our ideas and theories in a way that won´t offend anybody. We start sentences with words such as “Maybe…”, “What if we try…”, “I think that…”. That way the man feels like he is the one who approves.

After that conversation with my friend I kept rehearsing how to say things with a better “tone”. I have a deep voice and a strong character and I have felt guilty and have gotten in a lot of trouble for it. I have been called domineering and “rough”. Not good qualities for a woman. Domineering men on the other hand are respected and admired. The rough ones are sexy.

Another classic form of male chauvinism is the now famous “mansplaining”, made into a verb after the book Men Explain Things to Me by Rebeca Solnit. A must read. It made me understand why I felt so uncomfortable when I was talked to like I didn’t understand anything. I used to get mad, now I just take off when a guy starts explaining the world to me as if I were 5 years old. It doesn’t matter if we know more about the subject, men need to feel they explain things to us. They feel they are born with an inherent right to make sense of the world for us and explain it. A lot of the times, our point of view doesn’t even matter. There is no dialogue, it’s a long and boring monologue instead of a conversation.

Even talking with friends I feel they need to win every argument. At one point they adopt a condescending tone “You don’t understand what you are talking about, things are like that”. And that’s it, there’s no way to make our point. They know better.

In work meetings, men, who most of the times hold the highest ranks and manage the budgets, are the ones dominating the conversation. They let women talk a little but at the end, they make the final decisions.

Male chauvinism is everywhere and we experience it in many ways. Sometimes we are so used to it, that we don’t even notice it. What is your experience with male chauvinism? Share it here.