Feminist without a discourse

I was fortunate to be the daughter of a feminist. I think it´s probably one of the main influences I´ve had in my life. My mother was, what one of her good friends called a “feminist without a discourse”. She wasn´t a militant of any movement. She had a strong character, she knew what she wanted and she lived under her own terms. She didn´t give in to the conventions of the sexist and conservative culture where she grew up.

She didn´t need a husband to support her. She was the head of household and she raised my sister and me all by herself. She was a successful professional at a time when there weren´t a lot of women in high ranking jobs in Colombia. She didn´t know how to cook, she loved to dance and had a lot of friends, for whom she was the connector. Her best legacy was the endearing love of her million friends that my sister and I inherited. We all still feel the void she left and it still hurts.

I have come to appreciate my mother in her real dimension only after her death. How sad! Her sudden and premature death left me in a state of shock from which I still am trying to recover. We had a close and turbulent relationship. We have very similar personalities and have the same character. We fought constantly, hurt each other, said mean things, stopped talking to each other. But we always remained close to each other, we were there and we felt proud for each other.

Her unexpected death robbed us the possibility of… I don´t know what. Something that I would have wanted and couldn´t be, something I cannot name. But that is gone and is not coming back.

Telling her story fills me with pride. She came from a middle class family in Cucuta, a small town in the border between Colombia and Venezuela. When she finished high school, she used her innate intelligence to negotiate with her father let her go to college. Women weren´t supposed to study past high school. They were destined to get married and have children. But not her. She knew she wanted more. She wanted to learn. She wanted to travel. She was curious and had a passion for life.

She went to school at the Universidad Nacional in Bogota, the best public university in Colombia. She was a student of Camilo Torres, the revolutionary priest, whom she adored. It was the 60´s the decade that transformed society. She met my father at the Universidad Nacional where he taught English. She got a scholarship to do postgraduate studies in sociology at the Sorbonne University in Paris and went to live there with my father. I was born in Paris without a warning. My parents got married when she was five months pregnant with me to facilitate the paperwork in the conservative France of the time. Not for any other reason. Not for religious reasons or because she cared what people thought.

My father was a writer and didn´t have a stable income, so she paid the bills from the beginning. They got divorced after seven years.

My mother didn´t come from an affluent family and didn´t have “godparents”. She had a special magnetism due to her wits, her sense of humor, and her beauty. She made friends everywhere and led a very active social life. She was the friend and confident of ministers, directors of newspapers, writers, artists, chefs, academics, etc. She loved to go out and party and she knew everything that happened in Colombia. She wrote for many years for Teléfono Rosa, one of the most read columns in El Tiempo, the leading newspaper in Colombia.

She was a natural connector. If she knew someone did something that could be of interest to someone else, she would put them in contact. She helped people without expecting anything in return and without bragging about it. She liked that: connecting people. When I talk to her friends they still say they feel disconnected and lost without her. I feel the same.

At her funeral there were intellectuals, politicians, artists, lawyers, hippies, people from all sorts of life. It was a big church and we couldn’t fit everyone. Those demonstrations of love kept me going at the time. In that shared love we kept her with us.

My mother lived her life intensely. She enjoyed every minute. She didn´t miss a good trip, a good meal, didn´t skip a Festival Vallenato. She fell in love many times. She was the life of the party. Maybe she intuitively knew she wouldn´t have a lot of time and she enjoyed everything she could. That is her biggest lesson. To always keep going, to enjoy every thing you can. To live life.

Mi mamá: una feminista sin discurso

Tuve la fortuna de ser hija de una feminista. Creo que es lo que más me ha marcado en la vida. Stella Villamizar, mi mamá, era lo que uno de sus grandes amigos llamó una “feminista sin discurso”.

No era militante de ningún movimiento. Era una mujer de carácter, sabía lo que quería, vivió bajo sus propios términos, rompió esquemas, tenía el timón de su vida en sus manos. No cedió a las convenciones de la sociedad conservadora y machista donde nació.

Nunca necesitó un marido que la mantuviera, ella era cabeza de familia y se las arregló para sacarnos adelante a mi hermana y a mi sola. Fue una profesional destacada en una época donde no había muchas mujeres en cargos de responsabilidad en Colombia. En Cali era la única mujer miembro de la Junta Directiva en la empresa donde trabajó.

No sabía cocinar, le gustaba bailar, tenía miles de amigos y era el conector de todos. Su mejor herencia es el amor entrañable de sus amigos que heredamos mi hermana y yo. El vacío que nos dejó todavía se siente y todavía duele.

Yo he venido a apreciar a mi mamá en su dimensión real, su valor, su visión, su verraquera, solo después de que murió. Qué tristeza! Su muerte prematura y repentina me dejó en un estado de shock del que todavía trato de recuperarme.

Tuvimos una relación cercana y turbulenta. Somos muy parecidas en personalidad y en carácter. Peleábamos constantemente, nos hicimos daño, nos dijimos cosas, nos dejamos de hablar. Pero siempre cerca, siempre solidarias y orgullosas la una de la otra.

Su muerte abrupta nos negó la posibilidad de … no sé de qué. De algo que hubiera querido y no se pudo y no logro nombrar, pero eso se fue y no tiene vuelta atrás.

Contar su historia me llena de orgullo. Venía de una familia de clase media de Cúcuta, una ciudad pequeña en la frontera entre Colombia y Venezuela. Cuando terminó el colegio tuvo que pelear y negociar con su astucia innata para que el papá la dejara ir a la universidad. Las mujeres no estaban supuestas a estudiar después del bachillerato. Estaban destinadas a casarse y tener hijos. Pero ella no, ella sabía que quería más. Quería aprender. Quería viajar. Tenía curiosidad, era una apasionada por la vida.

Estudió en la Universidad Nacional de Bogotá, la mejor universidad pública de Colombia. Fue alumna del cura revolucionario Camilo Torres, a quien adoró. Eran los años 60, la década que transformó la sociedad. Allí conoció a mi papá, que era profesor de inglés en la Nacional. Consiguió una beca para hacer una especialización en sociología en la Universidad Sorbona en París y se fue con mi papá a vivir allá. En esas llegué yo, sin avisar. Mis papás se casaron en París cuando ella tenía cinco meses de embarazo para facilitar los procesos legales, no por ninguna otra razón. No por la religión, ni por el qué dirán.

Mi papá era escritor y no tenía un salario estable, así que desde siempre fue ella la que se hizo cargo de los gastos de la casa. Mis papás se separaron después de siete años.

Mi mamá no tenía padrinos, ni venía de familia adinerada. Tenía un magnetismo especial por su inteligencia, su sentido del humor y su belleza. Y tenía amigos en todas partes. Su vida social era muy agitada. Era amiga y confidente de ministros, directores de periódicos, escritores, periodistas, chefs, pintores, relacionistas públicos. Le fascinaba salir, rumbear, sabía todo lo que pasaba en Colombia. Durante muchos años escribió para la columna Teléfono Rosa, una de las más leídas de El Tiempo.

Era un conector natural. Si sabía que alguien hacía algo que le podía interesar a otra persona, los ponía en contacto. Ayudaba a todos los que podía, sin dárselas de santa, ni esperar nada a cambio. Le gustaba eso: conectar a la gente. Todavía cuando hablo con sus amigos lamentan sentirse desconectados y perdidos sin ella. Igual que me siento yo.

A su funeral fueron intelectuales, políticos, artistas, músicos, hippies, abogados, gente de todas partes. No cabían en la iglesia. Esas demostraciones de cariño de todos sus amigos me mantuvieron de pie en esos días. Entendí por qué es importante ese ritual. En ese amor compartido conservamos algo de ella.

Mi mamá vivió intensamente. Disfrutó cada cosa que pudo. No se privó de ningún viaje, ninguna comida rica, ningún Festival Vallenato. Se enamoró cuantas veces quiso. Era el alma de las fiestas. Tal vez intuía que no le sobraría el tiempo y lo aprovechó. Esa es su mejor enseñanza. Seguir siempre adelante, disfrutar todo lo que se pueda. Vivir la vida.

Matilde Suescún

El machismo tiene muchas formas

Hace unos años un amigo logró convencerme de que el problema conmigo no era tanto lo que yo decía, sino el “tono” que tenía al hablar. “Es el tono Mati, la forma como dice las cosas”. Y yo me lo creí. A las mujeres nos enseñan a ser sumisas y dóciles desde chiquitas. Nos enseñan a hablar con una voz aguda y a terminar las frases en subida, como si estuviéramos preguntando algo. No suena bien que nosotras digamos cosas con convicción, afirmando como si supiéramos de qué estamos hablando. El uso del afirmativo y el imperativo nos es prohibido a las féminas! No nos suena bien.

Nos tildan de brujas, faltas de macho, histéricas, y la lista sigue. Hay miles de palabras para insultar a las mujeres. Aprendemos desde niñas y sin darnos cuenta, a presentar nuestras ideas y teorías de manera que no ofenda a nadie. Empezamos las frases con palabras como “Tal vez”, “Qué tal si intentamos”, “Yo creo…” Para que el hombre sienta que es él quien aprueba.

Después de esa conversación con mi amigo, estuve ensayando cómo decir las cosas con otro “tono”. Tengo un tono de voz grave y un carácter fuerte y por eso me he sentido culpable, me he metido en problemas. He sido tildada de “dominante” y “brusca”. Adjetivos muy malos para una mujer. Los hombres dominantes en cambio, son respetados y admirados. Los bruscos son sexys.

Otra clásica forma de machismo es el famoso “mansplaining”, convertido en verbo por el libro Men Explain Things To Me de Rebeca Solnit. Hay que leerlo. Me ayudó a ver claramente porqué me sentía tan incómoda cuando me hablaban como si no entendiera nada. Antes me daba rabia, ahora me da risa y me voy cuando un hombre empieza a explicarme el mundo como si yo tuviera cinco años. No importa si uno sabe más sobre el tema, el hombre tiene que explicarnos las cosas. Los hombres se sienten con el derecho inherente de darle sentido al mundo y explicárnoslo. Solo por el hecho de ser hombres. Muchas veces nuestro punto de vista ni siquiera importa. No hay diálogo, es un largo y aburrido monólogo en lugar de una conversación.

Incluso hablando con amigos, me doy cuenta de que ellos tienen que tener la última palabra en una discusión. Y adoptan un tono condescendiente “No, tú no entiendes, las cosas son así”. Y no hay manera de que no ganen la discusión. Ellos saben más.

En reuniones de trabajo, frecuentemente los miembros del sexo masculino, que son los que manejan los presupuestos, los que tienen los cargos más altos, también son los que dominan las discusiones y toman las decisiones finales. A las mujeres nos dejan alegar, hablar un rato, pero al final ellos tienen la última palabra.

El machismo se vive en todas partes y de mil maneras. A veces estamos tan acostumbradas que no nos damos cuenta. Cuál es tu historia más reciente de machismo? Compártelo aquí.

Machismo comes in many forms

A few years ago, a friend was able to convince me that is wasn´t really what I said, but the way I said it. “It´s the tone Mati, the way you say things”. And I believed it. Women are taught from an early age to be submissive and docile. We learn to speak with an acute tone of voice and to end sentences in crescendo as if we were asking a question. It doesn´t sound right for a woman to speak with conviction as if she knows what she´s talking about. The use of the affirmative and imperative tenses is forbidden to women! It´s not considered feminine.

We are called witches, bitches, tomboys, authoritarian, and the list goes on and on. We learn since early childhood and without even noticing to present our ideas and theories in a way that won´t offend anybody. We start sentences with words such as “Maybe…”, “What if we try…”, “I think that…”. That way the man feels like he is the one who approves.

After that conversation with my friend I kept rehearsing how to say things with a better “tone”. I have a deep voice and a strong character and I have felt guilty and have gotten in a lot of trouble for it. I have been called domineering and “rough”. Not good qualities for a woman. Domineering men on the other hand are respected and admired. The rough ones are sexy.

Another classic form of male chauvinism is the now famous “mansplaining”, made into a verb after the book Men Explain Things to Me by Rebeca Solnit. A must read. It made me understand why I felt so uncomfortable when I was talked to like I didn’t understand anything. I used to get mad, now I just take off when a guy starts explaining the world to me as if I were 5 years old. It doesn’t matter if we know more about the subject, men need to feel they explain things to us. They feel they are born with an inherent right to make sense of the world for us and explain it. A lot of the times, our point of view doesn’t even matter. There is no dialogue, it’s a long and boring monologue instead of a conversation.

Even talking with friends I feel they need to win every argument. At one point they adopt a condescending tone “You don’t understand what you are talking about, things are like that”. And that’s it, there’s no way to make our point. They know better.

In work meetings, men, who most of the times hold the highest ranks and manage the budgets, are the ones dominating the conversation. They let women talk a little but at the end, they make the final decisions.

Male chauvinism is everywhere and we experience it in many ways. Sometimes we are so used to it, that we don’t even notice it. What is your experience with male chauvinism? Share it here.

The era of the little gods

When I grew up my parents had a life and I was part of it, not necessarily the most important part, just one of the components. They each had a career, struggled to get a job to pay the rent, they had boyfriends and girlfriends (after they separated or maybe before). Anyway, they were two adults trying to survive in a world full of uncertainties.

Nowadays, the world of adults revolves around their children. People plan their lives according to the children. We are part of a society that idealizes children and has turned them into the center of their world.

Our entire lives are planned to be aligned with their schedule. Mothers go out of their way to drive them to all the activities after school. Weekends have become a succession of sports events, birthday parties, and an array of plans so children can enjoy their lives to the fullest while parents look and praise them at every gesture. Every minute counts when it comes to developing the potential of the small geniuses.

Nothing is left undone to please them. Birthday parties have become super productions with an infinity of surprises and activities. It doesn´t matter if we need to burrow money to have them. When is not a trip to Disney, because there is no childhood without Disney.

Women leave successful careers without a second thought to devote their entire time to their children. They go to PTA meetings, volunteer at the schools while society applauds.

For every sport they practice, every child receives a trophy bigger than them. Every drawing is a work of art that parents praise “It´s sooo beautiful! You´re an artist”.

We live in the era of the little gods. Children don´t know limits. All they´ve heard is how wonderful, unique, exceptional they are. They feel they have the right to judge their parents, make demands, throw tantrums.

We are raising children who feel entitled to everything. The world owes them. They just need to exist and breath to receive praise. What are we doing? If the kid has no talent at drawing, why lie and tell him he’s an artist? If he’s not good at sports, why give him a trophy? How are they going to learn if we turn the world upside down so they feel ok, and don’t get bored, don’t get mad, don’t lack anything?

I think that if they learn at an early age that there are very few geniuses, and that to be a champion you need to train really hard, they will be happier in the long run.

What do you think about the way we are raising our kids? Share your thoughts here.

La era de los niños dioses

Cuando yo crecí mis papás tenían su vida y yo era parte de ella, no necesariamente la más importante, simplemente una de las partes. Ellos tenían cada uno su carrera, luchaban por conseguir trabajo y pagar el arriendo, tenían novios-novias (después de separarse, o quizás antes). En fin, eran dos adultos tratando de sobrevivir en este complejo mundo lleno de incertidumbres.

Hoy en día, el mundo de los adultos gira alrededor de los niños. La gente planea su vida en función de los hijos. Vivimos en una sociedad que idealiza los niños y los ha convertido en la única razón de ser de los padres.

La vida entera está planeada para ajustarse al horario de los “angelitos”. Las mamás se hacen un ocho tratando de llevar a los niños de una actividad a otra en las tardes. Los sábados y domingos son una sucesión de eventos deportivos, fiestas infantiles, planes para que los niños se diviertan al máximo mientras los adultos los observan y aplauden cada paso que dan. Hay que aprovechar cada minuto para desarrollar el potencial de los mini genios en potencia.

Nada es demasiado cuando se trata de darles gusto. Las fiestas de cumpleaños con unas producciones con una infinidad de sorpresas y actividades. No importa si hay que endeudarse para pagarlo. Cuando no es un viaje a Disney porque sin Disney no hay infancia.

Las mujeres no dudan por un segundo en dejar atrás exitosas carreras para tener el tiempo libre para dedicárselos por completo. Van a los PTA meetings, son voluntarias en los colegios, y la sociedad entera aplaude tan noble gesto.

Todos los niños en todos los deportes que practican reciben trofeos enormes más grandes que ellos mismos. Todos los dibujos son obras de arte que los padres se esfuerzan por elogiar. “Qué belleza! Eres un artista”.

Vivimos en la era de los niños dioses. Los niños no saben lo que es un límite, lo único que han escuchado en la vida es alabanzas de lo maravillosos, lo únicos, lo excepcionales que son. Se sienten con el derecho de juzgar a los padres, de exigir lo que quieren, de hacer pataletas.

Estamos criando hijos que se sienten con un derecho inherente a todo. El mundo les debe. A ellos les basta con existir y respirar para recibir todo tipo de halagos. Qué estamos haciendo? Si el niño no pinta bien, para qué mentirle y decirle que es un artista? Si no juega bien, para qué darle un trofeo de campeón? Cómo van a aprender a luchar en la vida si acomodamos todo para que estén bien, no se aburran, no se enojen, no les “falte nada”?

Creo que si desde niños se dan cuenta que genios hay muy pocos y que para ser campeón hay que luchar mucho, van a ser más felices.

Qué piensas sobre la manera como estamos criando a los hijos hoy en día? Deja tus comentarios aquí.

Why I don´t want a ring

My daughter makes fun of me because I´ve been married twice and don´t have a ring and nobody has kneeled to propose. Hell, no! I don´t understand the ritual, nor do I understand how it became so popular everywhere.

Having a “rock” on the ring finger of the left hand is the dream and the goal of a lot of women. The bigger the diamond, the better. It shows how much a woman is worth. The ring is a sort of seal, a property title over the woman. This woman is taken and the owner is powerful. If the ring is big then the guy must be rich, or he’s so in love, he burrowed money to buy it. The ring is like a weight, a burden, a padlock over a woman. Women carry it with pride, they show it on Facebook, they tell their girlfriends how much it cost. If it’s very expensive, it must mean that they’re worth it.

Even worse is the proposal. The man decides when and where to propose. The bigger the surprise, the better. The woman waits passively for the man to surprise her and ask her to become “his woman”. She doesn’t have the right to decide or propose. How could that be possible? A woman taking the initiative? And we are talking about one of the most important decisions in a person’s life. But tradition forces upon us to wait passively until the man decides for us. Until he kneels and takes out the ring. That is considered romantic.

From then on things start on the wrong foot. Wouldn’t it make more sense if we talked about it? A couple of people that love each other, and that for whatever reason decides, by mutual agreement, to get married. Two adults that communicate with one another and make a decision, together, to make a commitment to share their lives, to make it official. Wouldn’t that make more sense?

I don’t want anyone to kneel or kneel before anyone. I don’t want to be called a princess because I don’t live in a castle and am not waiting for prince charming on a horse. I want a real man, an adult that loves me and respects me. I want to decide with that person when and how to get married for reasons we both understand. I don’t want surprises, I like to know where I’m going. The ring doesn’t represent how much I’m worth. The value of a woman cannot be measured by carats.

Do you want an engagement ring? Share your thoughts.

Por qué no quiero un anillo

Mi hija se burla de mí porque me he casado dos veces y nunca he tenido anillo, ni se me han arrodillado para pedirme la mano. Dios me libre! No entiendo el ritual, ni entiendo cómo se puso de moda en todo el mundo.

Tener una “roca” en el dedo anular de la mano izquierda es el sueño y la meta de muchas mujeres. Entre más grande el diamante, mejor. Representa el valor de la mujer. El anillo es una especie de sello, de título de propiedad sobre la mujer. Quiere decir esta mujer está tomada y el dueño es poderoso. Si el anillo es muy grande el dueño debe ser muy rico, o está tan enamorado que se endeudó para comprarlo. El anillo es como un lastre, un peso, un candado que marca la mujer. Las mujeres lo llevan con orgullo, lo muestran en Facebook, le cuentan a las amigas cuánto costó. Si es muy muy caro, debe ser porque ellas valen mucho.

Peor aun es la pedida de mano. El hombre decide cuándo y dónde propone. La sorpresa entre más grande mejor. La mujer espera pasivamente que el hombre la sorprenda y le pida ser su mujer. Ella no tiene poder de decidir o proponer. Dónde se ha visto eso? Que una mujer tome la iniciativa? Y estamos hablando de una de las decisiones más importantes de la vida de una persona. Pero la tradición nos obliga a esperar pasivamente a que el hombre decida por nosotras. A que se arrodille y saque el anillo. Eso es considerado romántico.

Desde ahí empiezan las cosas mal. No sería todo mucho más normal si las cosas se hablaran? Una pareja que se quiere y en algún momento por la razón que sea, decide de común acuerdo, casarse. Dos adultos que se comunican y toman la decisión, los dos, de comprometerse y compartir la vida y lo quieren hacer oficial. No tiene eso mucho más sentido?

Yo no quiero que nadie se me arrodille, ni arrodillarme ante nadie. No quiero que me llamen princesa porque no vivo en un castillo, ni espero un príncipe en caballo alado. Quiero un hombre de carne y hueso, un adulto que me quiera y me respete. Quiero decidir con esa persona cuándo y cómo casarme por razones que quiero que los dos entendamos. No quiero sorpresas, me gusta saber qué va a pasar y para dónde voy. El anillo no representa mi valor. El valor de la mujer no se mide con carates.

Qué piensas de los anillos de compromiso?

Nobody is racist, but don´t touch my daughter!

None of my friends are racist. They all have an African-American friend, or like jazz, or voted for Obama, or are crazy about Beyonce. But when I told them that my then 16-year-old daughter´s boyfriend was black, they almost jumped out of their seat, they couldn´t help it. “Ufff, you need to take good care of her”, they said. Take care of what? I wondered. Make sure he doesn´t touch her, he doesn´t look at her, he doesn´t take her to his house. Make sure he doesn´t sleep with her. If the guy wasn´t black, I wouldn´t have to worry about it? Or maybe worry less?

My daughter´s boyfriend didn´t want to come to the house. In part because he was afraid I didn´t approve of it and would be rude to him. In part because we lived in a neighborhood where there were no African-Americans. In part because his family had instructed him never to ride his bike after six in the afternoon in a neighborhood other than his because he could get shot.

That is the reality we live in today in the United States. People feel they have the right to shoot at someone they suspect is dangerous, which in reality means, black or dark-skinned. And people who are black need to live in fear of being attacked, chased, insulted, even killed for no reason. And we think this is civilization, we live in the best country in the world.

My kids went to the public school in our neighborhood in Miami, where white, Latino and black kids got together. But beyond the school, there are invisible walls that almost nobody crosses. There are no laws today in the United States forbidding interracial marriage or prohibiting intimate relationships between people of different color, but there are huge prejudices that divide us. I don´t think any of my friends would have allowed their daughter to date a black kid. No way! But nobody is racist.

We deny our own prejudices, at least in public. As Latinos, we think we are not racist because in Latin America we are all the product of a mix of indigenous people, black and white. But of course, the whiter the skin tone, the higher the socioeconomic level. And in our countries, we don´t mix between people of different social background. The boundaries are well defined, rich with rich, poor with poor, and it´s for life. No social mobility either.

If we started by admitting our own prejudices, because we all have them, that could be the beginning of changing the way we relate to one another.

Would you be OK if your daughter/son dated a person of color? Share your thoughts here.

Nadie es racista, pero que no se metan con mi hija!

Ninguno de mis amigos es racista. Todos tienen un amigo negro y les gusta el jazz, votaron por Obama, o les fascina Beyonce. Pero, cuando les conté que mi hija de 16 años tenía un novio negro (en español no decimos afro-americano) daban un brinco, no se podían controlar. “Uy, tienes que cuidarla mucho”, me decían. Cuidarla de qué me pregunto. De que la toque? De que la mire? De que la lleve a su casa? De que se acueste con ella? Si el muchacho no fuera negro, no la tendría que cuidar? O cuidarla menos tal vez?

El novio de mi hija no quería venir a mi casa. En parte por miedo a que yo no aceptara la relación y lo tratara mal. En parte porque en mi barrio no hay gente de color y le daba miedo. En parte porque su familia le ha dicho de no montar en bicicleta después de las 6 de la tarde en un barrio que no sea el suyo porque le pueden disparar.

Esa es la realidad que vivimos en el siglo XXI en Estados Unidos. La gente cree que tiene el derecho de dispararle a quien le parezca sospechoso, léase negro u oscuro de piel.

Mis hijos fueron al colegio público del barrio en Miami y allí se juntaban jóvenes blancos, negros y Latinos, pero más allá del colegio hay unos límites invisibles que casi nadie traspasa. No hay leyes que prohíban los noviazgos o matrimonios entre personas de razas diferentes hoy en Estados Unidos, pero existe un prejuicio enorme que nos separa. No creo que muchos de mis amigos hubieran permitido que su hija tuviera un novio de color. Ni pensarlo! Pero ninguno es racista.

Nos negamos a admitir nuestros propios prejuicios, por lo memos en público.

Los Latinos creemos que no somos racistas porque en América Latina las razas se mezclaron y todos tenemos algo de indígena, negro y blanco. Pero por supuesto, entre más clara la piel, más alto el nivel socio-económico. Y eso sí, en nuestros países no se mezclan las clases sociales. Las líneas están bien definidas. Rico con rico, pobre con pobre y para toda la vida. Salvo muy pocas excepciones.

Si empezáramos por admitir nuestros prejuicios, porque todos los tenemos, ese sería un buen comienzo para empezar a transformar la forma como nos relacionamos.

Te importaría si tu hijo o hija saliera con alguien de color? Compártelo aquí.