El Harvey Weinstein que todas cargamos dentro

No soy actriz de Hollywood ni modelo, pero he conocido varios Harvey Weinsteins en mi vida. He trabajado desde la adolescencia en varias industrias y he tenido que soportar los avances no deseados de hombres con poder a cambio de mantener mi trabajo, avanzar en mi carrera, o la promesa de algo.

Harvey Weinstein, uno de los productores más poderosos de Hollywood, ha sido acusado por cerca de 30 mujeres de acoso sexual en investigaciones publicadas por The New York Times y The New Yorker. Nuevas acusaciones han surgido a raíz del artículo inicial publicado la semana pasada.

Me di cuenta desde joven que hay que aprender a sobrevivir como se pueda en una cultura machista donde muchos hombres poderosos ven a las mujeres como artículos diseñados para complacerlos. Uno aprende a esquivarlos, decir no con la mejor sonrisa, sin ofenderlos. Porque uno sabe que eso le puede costar no solo el trabajo sino la carrera.

Por supuesto que no soy la única. Casi todas las mujeres tenemos historias de horror con algún jefe. Todas nos hemos sentido en algún momento acorraladas, avergonzadas, desesperadas en situaciones terriblemente incómodas. Muchas preferimos no hablar de eso. Estamos supuestas a mantener el secreto, como dijo Gwyneth Paltrow. Son “gajes del oficio”.

Hay que poner la cara al otro día, sonreír y hacer de cuenta que no pasó nada. Porque hay que mantener el trabajo y de todas formas a donde uno vaya, en la profesión que esté, va a enfrentar la misma situación. Eso me lo dijo mi mamá hace más de 30 años porque ella también, por supuesto, tuvo que afrontar acoso sexual en más de una ocasión.

La industria del entretenimiento está plagada de depredadores. Lo viví en carne propia en mi carrera de actriz en Colombia y en Los Angeles, donde me di cuenta que tendría que vender mi alma al diablo para triunfar y decidí dejarlo todo y hacer otra cosa. El problema es que el acoso sexual se vive en todas las industrias.

Lo que yo le quiero decir a mi hija es que hay que tener claro que la persona que está actuando mal en ese momento es el agresor y no al contrario. No hay que dejarse enredar en la manipulación. La táctica que utilizan estos depredadores disfrazados de ejecutivos-jefes-profesores-intelectuales-managers-etc, es manipular la situación para hacernos creer que somos nosotras las que estamos haciendo algo mal. “No te pongas así. No me hagas quedar mal. Esto es normal. Todas lo hacen”.

No hay nada de qué avergonzarse. Las víctimas de acoso por lo general sentimos vergüenza y culpa. Hay que romper con ese estigma y denunciar al agresor. Dejar el trabajo y buscar otro lo antes posible.

Quedarse callado no es una opción. Hay que hablar del tema. Contárselo a los amigos y a la familia. Buscar ayuda. Denunciar al agresor con la policía, recursos humanos, acudir a un abogado si es posible. Guardar el secreto es la mejor manera de que el abusador continúe a sus anchas haciendo de las suyas.

Mi hija a sus 20 años ya ha sido víctima de acoso por parte de algunos clientes del restaurante donde trabajó como mesera. Las meseras dependen de las propinas para vivir y tienen que soportar continuamente desmanes de clientes atrevidos para no perder su trabajo. A mí me pasó lo mismo en Nueva York hace 30 años.

El abuso de poder y pedir sexo a cambio de oportunidades laborales no es nuevo y existe en todas las profesiones. Es producto de una sociedad que sigue viendo a la mujer como un objeto de placer sin voz ni voto. Por suerte ahora las mujeres están hablando y lo están denunciando. Hay que continuar. Es la única manera de pararlo.

From China with love

El azar y un congreso de radiología me llevaron a la China. Tuve la inmensa suerte de pasar 15 días divididos entre Hong Kong, Shanghai y Pekín con el mejor compañero de viaje que se pueda pedir.

La China es literalmente otro mundo. Un mundo que nos lleva mucha ventaja y en donde todo parece funcionar mejor que en Estados Unidos y muchos otros países occidentales. Un mundo donde el comunismo puro y duro se dejó seducir por Cartier.

Si uno compara el aeropuerto Internacional de Hong Kong con el aeropuerto La Guardia de Nueva York, o el metro de Shanghai con el de Manhattan, no queda duda de cuál es el país más avanzado.

Las estaciones y los vagones del metro son impecables, bien señalizados (los nombres de las estaciones están traducidos al inglés) los trenes pasan con mucha frecuencia hasta altas horas de la noche. Hay banners de publicidad por todas partes. Incluso en los túneles entre una estación y otra. ¿Cómo en Manhattan, el corazón del país más poderoso del mundo el sistema de subway se está cayendo a pedazos, mientras en Shanghai tienen un metro que sirve a cerca de 24 millones de personas funcionando a la perfección?

El desarrollo económico y tecnológico en los últimos 30 años en China no tiene precedentes. Es un dragón enorme y nos va a devorar a todos. ¿Cómo han logrado esa mezcla de gobierno comunista y controlador con una economía muy parecida al capitalismo? Por todas partes hay centros comerciales de lujo y calles llenas de tiendas de marcas occidentales. Desde Chanel y Gucci hasta Forever XXI y Zara, sin mencionar McDonalds y KFC, que parecen estar en cada esquina.

Me llamó la atención al llegar ver los anuncios en vallas enormes de video de calidad impecable en los aeropuertos. Cartier, Channel, Dolce Gabanna, Rolex. Los primeros días en Hong Kong pensaba que la gente solo compraba marcas de lujo. Yo buscaba una joya artesanal de jade hecha en China, pero nada. Relojes de Cartier de 10 mil dólares para arriba o las mejores imitaciones que se pueden encontrar de Rolex por $100.

Todo lo que uno compra en las tiendas en este lado del mundo está hecho en China y por eso es más barato. Pero en China esos mismos productos son mucho más caros.

Las mujeres en China no se maquillan mucho. Se visten con ropa holgada y usan zapatos bajos. Me gustó ver que muy pocas tienen cirugía plástica. No sentí esa obsesión por la belleza que veo en Miami o en Bogotá. ¡Qué liberación! No hay personas obesas y casi nadie es gordo. En eso también nos llevan ventaja.

Los hombres no lo miran a uno en la calle ni le gritan piropos a las mujeres. ¡La felicidad!

La gente no habla a gritos. Los policías no están armados. No vi a nadie pelear o agredir a alguien. No hay ese miedo de que lo roben a uno en la calle que se siente en Paris o en Bogotá. No hay mendigos ni gente durmiendo en las calles. Lo que sí hay es personas escupiendo por todas partes. ¡Horrible!

Los chinos son hospitalarios y serviciales. Me di cuenta que tenemos mucho en común. Son sentimentales como los latinos y tienen relaciones muy cercanas y cariñosas con los padres y abuelos. Igual que en nuestros países, el tráfico es caótico, la gente maneja como loca y no tienen reparo en tocar la corneta. En fin, tenemos mucho más en común de lo que pensé.

No quiero decir que China sea un paraíso. Ni pretendo entender las complejidades de un sistema represivo solo por pasar dos semanas de vacaciones. Estoy al tanto de las violaciones a los derechos humanos, las acusaciones de corrupción del gobierno, la libertad restringida de sus habitantes.

Hay una censura implacable que bloquea la televisión, el cine, los libros extranjeros y nacionales considerados subversivos al sistema. Allí se vive en una realidad paralela donde los medios Occidentales no tienen cabida.

En China no hay acceso a Google, ni a Facebook, lo que debo decir, me molestó mucho, pero también me sirvió de détox. El WhatsApp se puede ver de vez en cuando, casi siempre está bloqueado.

Los viajes son buenos, entre otras cosas, para aprender a ver las cosas desde otra perspectiva, ver cómo viven en otros sitios. Vivo en una democracia donde el comandante en jefe no tiene idea de lo que está haciendo, hay más armas que personas, todo se maneja como un negocio, incluso la salud y la educación, y por si fuera poco, quieren quitarle el acceso a los contraceptivos a miles de mujeres.

En ese otro lado del mundo no hay democracia, pero algunas cosas funcionan mejor.

En la maleta traje el libro rojo de Mao. Y en el corazón una gran admiración por una cultura que no deja de evolucionar, de contribuir y de influenciar al resto del mundo desde hace miles de años y se mantiene sólida, enorme, más fuerte que nunca.

Changing a diaper is not a heroic act

When my children were little, their father would be praised for changing a diaper by our relatives and friends, if they ever caught him doing it. “What a great father!” They would look at me in admiration for being so fortunate. A diaper changed by a guy was considered a heroic act. And that hasn´t changed.

It didn´t matter that I had bathed them, made food for them, done the laundry, played with them in the park. That´s the least a good mother would do.

It is not only expected that it is the mother´s job, but she is supposed to do it everyday without fault and no complains allowed. A woman is judged and punished if she misses to change a diaper, or the food is not ready on time, or the laundry doesn´t get done. Unfortunately, we are the toughest judges of our fellow homemakers.

The list of domestic “obligations” imposed exclusively to women since forever is endless. You need to be a woman and a mother to know it. There are not enough hours in the day to get them done and it never stops.

It is understood that child bearing duties and managing a home is the job of the woman. It does not matter if the woman works outside of the home or not. Domestic work is still considered to be our responsibility. It is not seen as work, it is not compensated, it is not appreciated, and for the most part, it is not shared with the man of the house.

How long are we going to continue to think like that? How long are we going to teach our daughters to learn how to cook and clean while their brothers don´t even pick up their plates from the table?

I know women who fall in their own trap and justify it by saying that they do it better than their husbands and carry all the weight of the housework because the men “don´t know how to do it”.

Other women just take all the burden because they don´t want to fight and they know that things won´t change anyway. So they keep doing it resigned to their fate.

You don´t need to be a NASA scientist to learn how to change a diaper or prepare a meal. You just need to appreciate the time and effort of a woman. You need to understand that we have the same right to relax and have time for ourselves as men do.

When are we going to stop seeing women as the battle horse of the house? The administrator/housekeeper/cook/cleaner/schedule coordinator/driver/tutor etc, etc, etc. I could go on and on with etc’s.

Every year more women join the labor force in high positions working long hours, but when they get home, they go back to the Stone Age. The woman puts on the apron and goes back to being the servant of the house, while the man relaxes and does as he pleases.

I know very few cases where the share of the load is split evenly. I admit there are some cases, but very few. And the way it is positioned is that the man is “helping” the woman. I remember making an effort to ask the father of my kids in the sweetest way possible (it wasn´t very sweet) to “help” me with the housework. As if it were my responsibility and he was just giving me a hand. Like a parachutist falling in “my” territory: the house and the children.

It is not like that! What I´m about to say is obvious, but apparently not for many: Taking care of the children and the housework is the responsibility of both men and women (when we are talking about a heterosexual couple). Cleaning, grocery shopping, keeping up the house, cooking, caring for the children, dress them, bathe them, feed them, helping with the homework, drive them, everything, absolutely EVERYTHING is the responsibility of both parties. I don´t understand why this is not the norm. We are living in the 21st century!!

There is no scientific evidence to proof that women are better equipped to do the job. It´s a tradition that we need to end if we want to build a fair and balanced society. And it is the only way to have couples that work and healthy families.

No hay que ser científico de la NASA para aprender a cambiar un pañal

Cuando mis hijos estaban chiquitos, si algún amigo o familiar veía al papá de mis hijos cambiar un pañal, lo celebraban con bombos y platillos. “Pero qué padre tan bueno es!”. Me miraban admirados de la suerte que tenía con un hombre así a mi lado. Lo llenaban de elogios por ser un padre increíble. Era como si hubiera llevado a cabo un acto heroico. ¡Por cambiar un pañal!!!

No importaba si yo había bañado a los niños, los había vestido, había preparado la comida, les había lavado la ropa, los había llevado al parque, nada de eso contaba para una expresión de aprecio. Eso es lo mínimo que hace una “buena mamá”.

No sólo se da por hecho que esa es la obligación de la mujer, se espera que lo cumpla a cabalidad, todos los días sin falta y sin quejarse. Y es juzgada y llevada a la hoguera si falla en algo, si deja un pañal sin cambiar, o no está la comida lista a tiempo, o la ropa está sucia. No hay nada peor en la cultura latina que una “mujer descuidada”.

La lista de las “obligaciones” domésticas impuestas exclusivamente a la mujer desde siempre es eterna. Hay que ser mujer y ser mamá para saberlo. No alcanzan las horas del día para llevarlas a cabo y nunca terminan.

Se sobreentiende que el cuidado de los hijos y el manejo de la casa le corresponde a la mujer. No importa si la mujer trabaja fuera de la casa o no. Las tareas domésticas siguen siendo nuestra responsabilidad. Eso no se considera trabajo, no es remunerado, no es apreciado y en la gran mayoría de los casos, no es compartido.

¿Hasta cuándo vamos a seguir pensando así? ¿Hasta cuándo vamos a enseñarle a nuestras hijas que deben aprender a cocinar y a limpiar, mientras sus hermanos no tienen que siquiera levantar el plato de la mesa?

Conozco mujeres que caen en su propia trampa y piensan que ellas lo hacen mejor que sus esposos y se cargan con todas las obligaciones del cuidado de los hijos y las labores del hogar porque “ellos no lo saben hacer”.

Otras se resignan a hacerlo todo porque están cansadas de pelear y prefieren evitar conflictos. Convencidas de que no hay posibilidad de negociar, que nada va a cambiar de todos modos.

No hay que ser científico de la NASA para aprender a cambiar un pañal o preparar una comida. Hay que querer hacerlo. Hay que apreciar que el tiempo y el esfuerzo de la mujer vale lo mismo que el del hombre. Que tenemos el mismo derecho de descansar y de tener tiempo para nosotras que tienen ellos.

¿Cuándo vamos a dejar de pensar en la mujer como el caballo de carga de la familia? La administradora-cocinera-cuidadora-encargada de la limpieza-coordinadora de horarios-chofer-tutora-etc-etc-etc? Podría escribir mil etc más.

Cada vez hay más mujeres profesionales con posiciones de responsabilidad y cumpliendo horarios de trabajo extenuantes. Pero cuando llegan a la casa, regresan a la Edad de Piedra. La mujer se pone el delantal y asume su posición de sierva mientras el hombre se relaja y hace lo que le da la gana.

Conozco muy pocos casos donde hay igualdad en la repartición de las tareas domésticas. Reconozco que hay algunos, pero son muy pocos. Y la manera como se posiciona el asunto es que el hombre le está “ayudando” a la mujer. Yo me acuerdo que le pedía al papá de mis hijos “ayuda” con el tono más dulce posible (no era muy dulce). Como si en realidad todo el trabajo fuera mi responsabilidad y él estuviera “dándome una mano”. Cayendo en un paracaídas de vez en cuando en mi territorio: la casa y los niños.

¡No es así! Esto que voy a decir es obvio, pero al parecer no para muchos: las tareas de la casa y los hijos son responsabilidad de la mujer y del hombre (si hablamos de una pareja heterosexual). Limpiar, hacer las compras, mantener la casa, cocinar, criar hijos, vestirlos, bañarlos, darles de comer, hacer las tareas, en fin, todo, absolutamente TODO es obligación de las dos partes. No entiendo cómo esto no es la norma y la regla. ¡Estamos en el siglo XXI!!!

No hay ninguna evidencia científica que compruebe que la mujer está mejor equipada para hacerlo. Es una tradición con la que hay que terminar si queremos construir una sociedad más justa y equilibrada. Y es la única manera de lograr parejas que funcionen y familias felices.

Abuse without punches

A woman can be battered without punches. There are many ways to humiliate her, denigrate her, destroy her. With insults, silence, psychological abuse, pressure, oppression, there are numerous means to tell her she is not worth anything, without even touching her.

A bruise is a physical proof of the abuse and it makes it easier to expose, but when there is no evidence, the abuse can last a long time without being noticed, even by the victim.

Some men feel they have the right to tell “their” women how to look. One of their favorite weapons is to criticize our physical appearance. In their eyes, we are either too fat, or not “meaty” enough, we dress either too sexy or like a nun, too much make-up or not enough, the hair is too short or too long.

A guy I dated once got mad at me because he thought the skirt I was wearing was too short and I looked too sexy and was too flirtatious. I quickly sent him to hell. But I’ve seen, with horror, women change their clothes to please their guys. I heard a guy shame his wife in public because she was too fat.

They torture us by criticizing our bodies and making comparisons with other women. Someone I was with used to compare me with his ex-girlfriend and she was of course, way better than me, according to him. They use comparison to denigrate us and “put us in our place”. So we learn not to be “stuck up”.

I have an advice: if the guy you are dating doesn’t like your face, your body, or how you dress, LEAVE HIM! He will never stop criticizing you. It is a manipulating tool.

Career

In a lot of couples I know, the priority is the career of the husband and nobody questions that. The woman’s job is complimentary, something to keep us busy and contribute to the home’s economy. If it’s low profile and doesn’t get a lot of attention, even better.

A high percentage of highly qualified women with prominent jobs pay the high visibility in the office with an unfaithful husband at home.

The career of the man is worth all the family’s sacrifices. Men have careers, women have jobs. Even when the woman makes more money than the man, which is increasingly more frequent these days, the career of the husband takes priority.

Often, when this happens, the man adopts a very critical attitude, ready to find any possible “fault”. Women have to prove that they can do it all without making any mistakes, which is obviously impossible. Also because, the domestic work and childcare is still our responsibility. No matter how hard we work outside the house, we still carry the burden of domestic work for the most part.

Humor with darts

We are belittled with jokes that are supposed to be harmless and funny, but that in reality are darts meant to break us into pieces. “You run like a little girl” “You have no idea how to drive a car” “You will never learn to add 2+2”.

That’s another strategy, to make us believe that we are not good at anything, that we look ridiculous by trying. To make us feel we are incompetent at home and/or at work. Talking to us like little girls is another way of putting us down.

Ignoring what is important for us. If you are with someone who never asks how you are feeling, or what is important to you, or what your goals and priorities are in life, start running!

Often, conversations turn around what is important for him, not for her. We asume that for a “good” woman her priority is and should be the wellbeing of everyone around her but herself.

The problem is that a lot of these attitudes are the result of what is accepted and reinforced by religion, traditional family values, and the culture in which we grew up. We think it is normal for guys to talk to us like girls and to be made fun of. We are used to thinking that being docile and selfless is a feminine virtue.

Emotional abuse leaves invisible and profound marks. It takes away our self-esteem, the faith we have in ourselves, and the desire to live. We have to break the myth of the docile woman and leave relationships that hurt us.

Are you in a relationship that makes you feel insecure and worthless? Share your story.

¿El trabajo define nuestra identidad?

Siempre me ha parecido extraño cuando la gente dice “Soy (abogado, doctor, profesor, arquitecto, etc.)”, como si fuéramos lo que hacemos.

Por años y años (a veces parecen siglos) fui a trabajar a una oficina, igual que hizo mi mamá. Tener un trabajo me daba la sensación de ser alguien, un sentido de identidad. No solamente llenaba la mayor parte de las horas del día, sino que podía decir “soy … algo”. Despertarse en la mañana de afán para llegar a la oficina, para completar una serie de tareas, para llegar a la casa y tener una respuesta rápida cuando alguien preguntara “qué haces o, mejor, quién eres”, te da seguridad.

Me sentía orgullosa de tener una profesión, una oficina, tarjetas de presentación. Pero también me sentía encarcelada. No era dueña de mi tiempo. Me sentía como un robot que recibe órdenes, cumple órdenes y se va a la casa a chequear el email en caso de que haya algo más que hacer. Tenía que pedir permiso para ir al médico, salir de vacaciones, cualquier cosa que me obligara a estar fuera de la oficina. Es decir, la compañía donde trabajaba era la dueña de mi tiempo y de mi vida, de alguna manera.

Así que a los 48 años renuncié a mi trabajo y me lancé al vacío. Ahora cuando la gente me pregunta, digo que estoy “en transición”, no sé de qué ni hacia dónde. No es el estatus ideal. Y a veces me siento rara. ¿Quién soy si no tengo un trabajo? ¿Ya no soy “importante”? ¿El trabajo nos define?

Yo pensaba que iba a estar como el oso polar del zoológico de Barcelona, que se pasea de un lado al otro en su jaula, incluso si me dejaban salir. Pensé que no iba a saber cómo ser libre y saber qué hacer con mi tiempo. Me ponía ansiosa al principio sin un calendario de Outlook que dictara cada hora del día.

No tener trabajo es como estar en un tren con destinación desconocida. La incertidumbre te pone ansioso y lo hace pensar a uno en las cosas más horribles. Aunque tener un trabajo no es nada seguro, porque todos sabemos que se puede terminar en cualquier momento. Pero tener un título te da una identidad. Sabes quién eres.

Resulta que sigo siendo la misma persona, no me estoy paseando de un lado a otro en la jaula, al contrario, estoy disfrutando de mi tiempo y mi vida. Estoy ensayando nuevas cosas. Escribiendo este blog por ejemplo. Me estoy dando la oportunidad de ser algo más que un cargo profesional. Estoy aprendiendo a aceptar que no sé hacia dónde voy. A que no me importe cuando la gente me mire raro porque no digo “Soy esto y aquello y aquí está mi tarjeta de presentación”. Claro que tengo que inventarme la manera de ganar plata. Pero no quiero sentir que tengo que entregar mi vida a cambio de eso. Prefiero tomar el riesgo y que la vida me sorprenda.

¿Sientes que tu trabajo te define? Comparte tus ideas aquí.

Are we what we do?

It always seems strange to me when people say “I am a (lawyer, doctor, teacher, architect, etc.)” as if you are what you do for a living.

For years and years (it seemed like centuries) I went to work everyday just like my mom did. Having a job gave me a sense of who I was, an identity. Not only did it fill most hours of my day, but I could say I am a “somebody”. It feels safe to wake up in the morning and hurry up to get to the office on time, to then do a series of tasks (a lot of them meaningless) to be able to go home and have a quick answer when people ask you what you do, or better, what you are.

Having a profession, an office, business cards, going on business trips was a source of pride for me. But I also felt imprisoned. I didn’t own my time. I felt like a robot that received orders, executed, and went home to check on emails in case there was something else to be done. I had to get approval to go to the doctor, go on vacation, anything that required being absent from the office. So, basically the company where I worked, owed me and my time.

So, at 48 I quit my job and jumped into the unknown. Now when people ask me what I do I just say I’m “transitioning” not sure from where to what. It’s not a good status. And sometimes I feel like a weirdo. Who am I if I don’t have a job? Am I not important anymore? Are we defined by our jobs?

I used to think I would be like the polar bear in the Barcelona zoo walking from one end of the cage to the other, even if I was let out of the cage. I thought I would not know how to be free and decide what to do with my time. It made me very anxious at the beginning to manage my time by myself. No outlook calendar to dictate what I would do from one hour to the next.

Not having a job feels like being in a train with an unknown destination. Uncertainty makes you anxious and you start thinking about the most horrible things possible. Not that having a job gives you security because we all know we can be fired at any time in almost any job. But when you have a job title it gives you an identity. You know who you are.

Turns out I am still the same person, not pacing in my cage, but actually enjoying my time, my life. Writing this blog. Trying new things. Giving myself the chance to maybe be something other than a job title. Learning to be OK with not knowing where I will end up. Not caring if people look at me weird when I don’t have a straight answer “I am this and that and here is my card”. I still need to figure out how to make a living. I just don’t want to feel like I have to give my life away in exchange. I’d rather take the risk and be surprised.

Do you feel like your job defines who you are? Share your thoughts.

Abuso sin golpes

No sólo con golpes se castiga a la mujer. Hay muchas maneras de humillarla, denigrarla, destruirla. Hay insultos, hay silencios, hay abuso sicológico, hay presión, hay opresión, hay formas de decirle que no vale nada sin tocarla.

Las lesiones físicas son una prueba tangible de abuso y lo hacen más fácil de delatar, pero cuando no hay prueba física del maltrato, puede pasar desapercibido durante años, incluso para la víctima.

Criticar nuestra apariencia física es una de sus armas favoritas. Que si estamos gordas o flacas, que si la ropa que usamos es demasiado sexy o de monja, que si usamos mucho maquillaje o muy poco, que si el pelo está muy largo o demasiado corto. Los novios y esposos se sienten con el derecho de decirle a “sus” mujeres cómo deben lucir.

Un hombre con quien salí hace ya un tiempo me criticó porque la falda que tenía puesta estaba muy corta y me hacía ver demasiado sexy, además le parecía que yo era coqueta. Lo mandé al carajo rápido. He visto con horror a mujeres cambiarse de ropa para complacer a sus parejas. Escuché a un marido avergonzar a su esposa en público por verse muy gorda.

Nos torturan criticando nuestro cuerpo, comparándonos con otras mujeres más bonitas. Usan la comparación con otras para denigrarnos y “ponernos en nuestro lugar”. Para que no seamos “creídas”.

Yo tengo un consejo: si a tu novio no le gusta tu cuerpo, tu cara, o cómo te vistes, déjalo! Nunca dejará de criticarte!

Carrera

En muchas parejas que conozco la prioridad es la carrera del esposo y eso no se cuestiona. El trabajo de la mujer es complementario, algo para mantenernos ocupadas y ayudar a la economía familiar. Si es un trabajo de bajo perfil y donde no llame mucho la atención, mejor.

Un alto índice de mujeres destacadas profesionalmente, pagan su éxito en la oficina con los cachos de su esposo en la casa.

La carrera del hombre bien vale los sacrificios de toda la familia. El hombre tiene una carrera, en el caso de la mujer es solo un trabajo.

Incluso cuando la mujer gana más dinero que el hombre, lo que es cada vez más común, la carrera del hombre tiene prioridad. A menudo cuando ese es el caso, el hombre adopta una actitud crítica, listo a encontrar las “faltas” de la esposa.

La mujer casi tiene que probar que puede hacerlo todo y no fallar en ningún aspecto. Lo cual es obviamente imposible. Porque además, las tareas del hogar siguen siendo la responsabilidad de la mujer.

Humor con dardos

Nos denigran burlándose de nosotras. Nos infantilizan con comentarios que en apariencia son chistosos e inofensivos, pero en realidad son dardos para hacernos pedazos por dentro. “Corres como una niña chiquita”, “No tienes idea de conducir”, “Nunca vas a aprender a sumar 2+2”.

Esa es otra de sus estrategias, hacernos creer que no servimos para nada, que no hacemos nada bien, que nos vemos ridículas intentándolo. Hacernos sentir incompetentes en la casa o en el trabajo. Dirigirse a nosotras como si fuéramos niñas chiquitas o tontas es otra manera de rebajarnos.

Ignorando lo que es importante para nosotras. Si sales con alguien que no te pregunta cómo te sientes, qué es importante para ti, a dónde quieres llegar, cuáles son tus prioridades, sal corriendo!

Con frecuencia las conversaciones giran en torno a lo que es importante para él y no para ella. Se asume que para una mujer “buena” la prioridad es su familia y el bienestar de todos los que están a su alrededor, menos ella misma.

El problema es que muchas de estas actitudes son el resultado de lo que es aceptado y reforzado por la religión, la familia, la cultura en que crecimos. Nos parece normal que nos hablen como niñas y se burlen de nosotras. Estamos acostumbradas a pensar que ser dóciles y sacrificadas son virtudes femeninas.

El abuso emocional deja huellas invisibles y profundas. Acaba con nuestra autoestima, la fé en nosotras mismas, las ganas de vivir. Hay que romper con el mito de la mujer dócil y alejarse de relaciones que hacen daño.

Wrinkles are sexy!

­­­­­­­­A good friend of mine thinks I don´t take good care of myself because I haven´t done any Botox, or facelifts, or used fillings to cover the wrinkles. I am not saying I will never do it. I may change my mind. But I haven´t done it yet and feel fine like this, with wrinkles and all.

I have wrinkles on my forehead and have frown lines. Also around the eyes and on the upper lip. Fortunately, I don´t see them. And when I see them in my face or in the face of another woman, I like them. What is the problem with getting old? It´s true that we live in a time that idealizes youth, but men don´t have the same pressure than we do to look young. Men with gray hair are considered sexy.

I think a woman who doesn´t hide her age is sexy. When you try to hide the signals of time they become even more noticeable. And it shouldn´t be as important anyway.

The obsession to look younger is oppressive and enslaving for women. And it´s a lost cause in any case. The years lived leave a mark and it´s good to have it and show it. Faces without marks loose expression.

The advertising industry, our own believes and everything around us conspire against us to look for the impossible: look like 15-year-olds. When the only thing we can do is change how we feel about getting old.

One of the advantages of getting old is that guys don´t whistle to us in the middle of the street. We are not as “appetizing” and they leave us alone. How liberating! Another advantage is that I don’t have a problem telling a guy that I´m not interested in his advances. I don´t give them a fake phone number. I can just look them in the eye and say I´m not interested, thank you.

There are many, many advantages of getting old. And one of them should be to finally understand that looks are not as important. It doesn´t matter if others like us, only that we like ourselves. We should learn to feel beautiful the way we are.

I would not want to go back to being 20, 30, or 40. With every year I learn to become more comfortable with who I am. To accept my body. To be happy and grateful for my life and the people around me. I know myself better and feel more self-assured. I know how to protect myself. I know what to do on a rainy Sunday. I can´t say I achieved enlightenment but I like turning a year older and saying how old I am. I have struggled to get where I am. For many years I felt uncomfortable telling my age. Now I say proudly I AM FIFTY and I feel sexy!

Las arrugas son sexy!

Tengo una amiga muy querida que piensa que soy descuidada porque no me hago botox, ni me estiro la cara, ni me pongo inyecciones para rellenar las arrugas. No estoy diciendo que nunca lo voy a hacer. Puede que cambie de opinión en algún momento. Pero no lo he hecho y me siento bien así. Con arrugas y todo.

Tengo arrugas en la frente y en el ceño. También se me hacen arrugas debajo de los ojos y alrededor de la boca. Por suerte no me las veo. Y cuando las veo en mi o en otra mujer me gustan. Cuál es el problema con que las mujeres envejezcamos?

Es cierto que vivimos en una sociedad que idealiza la juventud, pero los hombres no tienen la misma presión que nosotras por verse jóvenes. A ellos se les ven “sexy” las canas.

A mi en cambio me parece sexy una mujer que no esconde sus años. Creo que al tratar de esconder las señales de la edad se notan más. Y que se note la edad no debería ser algo tan importante en todo caso.

La obsesión por parecer más joven nos oprime y esclaviza. Y es una batalla perdida de todas formas. Los años vividos dejan sus señales y está bien tenerlas y mostrarlas. Los rostros sin líneas pierden expresión.

La publicidad, nuestras creencias, todo a nuestro alrededor conspira para que busquemos desesperadamente lo imposible: lucir de 15. Cuando lo único que en realidad podemos hacer es cambiar cómo nos sentimos frente a envejecer.

Una de las ventajas de pasar de los 40 es que los tipos no nos silban en medio de la calle. Ya nos somos tan “apetitosas” y nos dejan en paz. Ufff!! Qué liberación!

Otra gran ventaja es que no tengo ningún problema en dejarle saber a un tipo que no estoy interesada en sus avances. Ya no me invento un número de teléfono falso. Lo puedo mirar de frente y decirle “No estoy interesada, gracias”. Arriesgándome, claro, a que se ponga grosero o agresivo. Pero no me importa.

Hay muchas, muchas ventajas de ser más maduras y haber vivido. Una de ellas debería ser no darle tanta importancia a cómo lucimos. Sentirnos lindas como somos.

Si lo pienso, no quisiera volver a tener 20, 30 o 40 años. Con cada año aprendo a sentirme más cómoda con quien soy. A aceptar mi cuerpo. A estar contenta y agradecida por mi vida y la gente que me rodea. Me conozco mejor y me siento más segura de mí misma. Sé cómo protegerme. Sé qué hacer un domingo lluvioso. Aunque no puedo decir que alcancé la iluminación, me gusta cumplir años y decir cuantos tengo.

He luchado para llegar a donde estoy. Durante mucho tiempo me ponía incómoda con decir mi edad. Ahora digo orgullosamente TENGO 50 AÑOS y me siento sexy!