No hay que ser científico de la NASA para aprender a cambiar un pañal

Cuando mis hijos estaban chiquitos, si algún amigo o familiar veía al papá de mis hijos cambiar un pañal, lo celebraban con bombos y platillos. “Pero qué padre tan bueno es!”. Me miraban admirados de la suerte que tenía con un hombre así a mi lado. Lo llenaban de elogios por ser un padre increíble. Era como si hubiera llevado a cabo un acto heroico. ¡Por cambiar un pañal!!!

No importaba si yo había bañado a los niños, los había vestido, había preparado la comida, les había lavado la ropa, los había llevado al parque, nada de eso contaba para una expresión de aprecio. Eso es lo mínimo que hace una “buena mamá”.

No sólo se da por hecho que esa es la obligación de la mujer, se espera que lo cumpla a cabalidad, todos los días sin falta y sin quejarse. Y es juzgada y llevada a la hoguera si falla en algo, si deja un pañal sin cambiar, o no está la comida lista a tiempo, o la ropa está sucia. No hay nada peor en la cultura latina que una “mujer descuidada”.

La lista de las “obligaciones” domésticas impuestas exclusivamente a la mujer desde siempre es eterna. Hay que ser mujer y ser mamá para saberlo. No alcanzan las horas del día para llevarlas a cabo y nunca terminan.

Se sobreentiende que el cuidado de los hijos y el manejo de la casa le corresponde a la mujer. No importa si la mujer trabaja fuera de la casa o no. Las tareas domésticas siguen siendo nuestra responsabilidad. Eso no se considera trabajo, no es remunerado, no es apreciado y en la gran mayoría de los casos, no es compartido.

¿Hasta cuándo vamos a seguir pensando así? ¿Hasta cuándo vamos a enseñarle a nuestras hijas que deben aprender a cocinar y a limpiar, mientras sus hermanos no tienen que siquiera levantar el plato de la mesa?

Conozco mujeres que caen en su propia trampa y piensan que ellas lo hacen mejor que sus esposos y se cargan con todas las obligaciones del cuidado de los hijos y las labores del hogar porque “ellos no lo saben hacer”.

Otras se resignan a hacerlo todo porque están cansadas de pelear y prefieren evitar conflictos. Convencidas de que no hay posibilidad de negociar, que nada va a cambiar de todos modos.

No hay que ser científico de la NASA para aprender a cambiar un pañal o preparar una comida. Hay que querer hacerlo. Hay que apreciar que el tiempo y el esfuerzo de la mujer vale lo mismo que el del hombre. Que tenemos el mismo derecho de descansar y de tener tiempo para nosotras que tienen ellos.

¿Cuándo vamos a dejar de pensar en la mujer como el caballo de carga de la familia? La administradora-cocinera-cuidadora-encargada de la limpieza-coordinadora de horarios-chofer-tutora-etc-etc-etc? Podría escribir mil etc más.

Cada vez hay más mujeres profesionales con posiciones de responsabilidad y cumpliendo horarios de trabajo extenuantes. Pero cuando llegan a la casa, regresan a la Edad de Piedra. La mujer se pone el delantal y asume su posición de sierva mientras el hombre se relaja y hace lo que le da la gana.

Conozco muy pocos casos donde hay igualdad en la repartición de las tareas domésticas. Reconozco que hay algunos, pero son muy pocos. Y la manera como se posiciona el asunto es que el hombre le está “ayudando” a la mujer. Yo me acuerdo que le pedía al papá de mis hijos “ayuda” con el tono más dulce posible (no era muy dulce). Como si en realidad todo el trabajo fuera mi responsabilidad y él estuviera “dándome una mano”. Cayendo en un paracaídas de vez en cuando en mi territorio: la casa y los niños.

¡No es así! Esto que voy a decir es obvio, pero al parecer no para muchos: las tareas de la casa y los hijos son responsabilidad de la mujer y del hombre (si hablamos de una pareja heterosexual). Limpiar, hacer las compras, mantener la casa, cocinar, criar hijos, vestirlos, bañarlos, darles de comer, hacer las tareas, bañarlos, en fin, todo, absolutamente TODO es obligación de las dos partes. No entiendo cómo esto no es la norma y la regla. ¡Estamos en el siglo XXI!!!

No hay ninguna evidencia científica que compruebe que la mujer está mejor equipada para hacerlo. Es una tradición con la que hay que terminar si queremos construir una sociedad más justa y equilibrada. Y es la única manera de lograr parejas que funcionen y familias felices.

Abuse without punches

A woman can be battered without punches. There are many ways to humiliate her, denigrate her, destroy her. With insults, silence, psychological abuse, pressure, oppression, there are numerous means to tell her she is not worth anything, without even touching her.

A bruise is a physical proof of the abuse and it makes it easier to expose, but when there is no evidence, the abuse can last a long time without being noticed, even by the victim.

Some men feel they have the right to tell “their” women how to look. One of their favorite weapons is to criticize our physical appearance. In their eyes, we are either too fat, or not “meaty” enough, we dress either too sexy or like a nun, too much make-up or not enough, the hair is too short or too long.

A guy I dated once got mad at me because he thought the skirt I was wearing was too short and I looked too sexy and was too flirtatious. I quickly sent him to hell. But I’ve seen, with horror, women change their clothes to please their guys. I heard a guy shame his wife in public because she was too fat.

They torture us by criticizing our bodies and making comparisons with other women. Someone I was with used to compare me with his ex-girlfriend and she was of course, way better than me, according to him. They use comparison to denigrate us and “put us in our place”. So we learn not to be “stuck up”.

I have an advice: if the guy you are dating doesn’t like your face, your body, or how you dress, LEAVE HIM! He will never stop criticizing you. It is a manipulating tool.

Career

In a lot of couples I know, the priority is the career of the husband and nobody questions that. The woman’s job is complimentary, something to keep us busy and contribute to the home’s economy. If it’s low profile and doesn’t get a lot of attention, even better.

A high percentage of highly qualified women with prominent jobs pay the high visibility in the office with an unfaithful husband at home.

The career of the man is worth all the family’s sacrifices. Men have careers, women have jobs. Even when the woman makes more money than the man, which is increasingly more frequent these days, the career of the husband takes priority.

Often, when this happens, the man adopts a very critical attitude, ready to find any possible “fault”. Women have to prove that they can do it all without making any mistakes, which is obviously impossible. Also because, the domestic work and childcare is still our responsibility. No matter how hard we work outside the house, we still carry the burden of domestic work for the most part.

Humor with darts

We are belittled with jokes that are supposed to be harmless and funny, but that in reality are darts meant to break us into pieces. “You run like a little girl” “You have no idea how to drive a car” “You will never learn to add 2+2”.

That’s another strategy, to make us believe that we are not good at anything, that we look ridiculous by trying. To make us feel we are incompetent at home and/or at work. Talking to us like little girls is another way of putting us down.

Ignoring what is important for us. If you are with someone who never asks how you are feeling, or what is important to you, or what your goals and priorities are in life, start running!

Often, conversations turn around what is important for him, not for her. We asume that for a “good” woman her priority is and should be the wellbeing of everyone around her but herself.

The problem is that a lot of these attitudes are the result of what is accepted and reinforced by religion, traditional family values, and the culture in which we grew up. We think it is normal for guys to talk to us like girls and to be made fun of. We are used to thinking that being docile and selfless is a feminine virtue.

Emotional abuse leaves invisible and profound marks. It takes away our self-esteem, the faith we have in ourselves, and the desire to live. We have to break the myth of the docile woman and leave relationships that hurt us.

Are you in a relationship that makes you feel insecure and worthless? Share your story.

¿El trabajo define nuestra identidad?

Siempre me ha parecido extraño cuando la gente dice “Soy (abogado, doctor, profesor, arquitecto, etc.)”, como si fuéramos lo que hacemos.

Por años y años (a veces parecen siglos) fui a trabajar a una oficina, igual que hizo mi mamá. Tener un trabajo me daba la sensación de ser alguien, un sentido de identidad. No solamente llenaba la mayor parte de las horas del día, sino que podía decir “soy … algo”. Despertarse en la mañana de afán para llegar a la oficina, para completar una serie de tareas, para llegar a la casa y tener una respuesta rápida cuando alguien preguntara “qué haces o, mejor, quién eres”, te da seguridad.

Me sentía orgullosa de tener una profesión, una oficina, tarjetas de presentación. Pero también me sentía encarcelada. No era dueña de mi tiempo. Me sentía como un robot que recibe órdenes, cumple órdenes y se va a la casa a chequear el email en caso de que haya algo más que hacer. Tenía que pedir permiso para ir al médico, salir de vacaciones, cualquier cosa que me obligara a estar fuera de la oficina. Es decir, la compañía donde trabajaba era la dueña de mi tiempo y de mi vida, de alguna manera.

Así que a los 48 años renuncié a mi trabajo y me lancé al vacío. Ahora cuando la gente me pregunta, digo que estoy “en transición”, no sé de qué ni hacia dónde. No es el estatus ideal. Y a veces me siento rara. ¿Quién soy si no tengo un trabajo? ¿Ya no soy “importante”? ¿El trabajo nos define?

Yo pensaba que iba a estar como el oso polar del zoológico de Barcelona, que se pasea de un lado al otro en su jaula, incluso si me dejaban salir. Pensé que no iba a saber cómo ser libre y saber qué hacer con mi tiempo. Me ponía ansiosa al principio sin un calendario de Outlook que dictara cada hora del día.

No tener trabajo es como estar en un tren con destinación desconocida. La incertidumbre te pone ansioso y lo hace pensar a uno en las cosas más horribles. Aunque tener un trabajo no es nada seguro, porque todos sabemos que se puede terminar en cualquier momento. Pero tener un título te da una identidad. Sabes quién eres.

Resulta que sigo siendo la misma persona, no me estoy paseando de un lado a otro en la jaula, al contrario, estoy disfrutando de mi tiempo y mi vida. Estoy ensayando nuevas cosas. Escribiendo este blog por ejemplo. Me estoy dando la oportunidad de ser algo más que un cargo profesional. Estoy aprendiendo a aceptar que no sé hacia dónde voy. A que no me importe cuando la gente me mire raro porque no digo “Soy esto y aquello y aquí está mi tarjeta de presentación”. Claro que tengo que inventarme la manera de ganar plata. Pero no quiero sentir que tengo que entregar mi vida a cambio de eso. Prefiero tomar el riesgo y que la vida me sorprenda.

¿Sientes que tu trabajo te define? Comparte tus ideas aquí.

Are we what we do?

It always seems strange to me when people say “I am a (lawyer, doctor, teacher, architect, etc.)” as if you are what you do for a living.

For years and years (it seemed like centuries) I went to work everyday just like my mom did. Having a job gave me a sense of who I was, an identity. Not only did it fill most hours of my day, but I could say I am a “somebody”. It feels safe to wake up in the morning and hurry up to get to the office on time, to then do a series of tasks (a lot of them meaningless) to be able to go home and have a quick answer when people ask you what you do, or better, what you are.

Having a profession, an office, business cards, going on business trips was a source of pride for me. But I also felt imprisoned. I didn’t own my time. I felt like a robot that received orders, executed, and went home to check on emails in case there was something else to be done. I had to get approval to go to the doctor, go on vacation, anything that required being absent from the office. So, basically the company where I worked, owed me and my time.

So, at 48 I quit my job and jumped into the unknown. Now when people ask me what I do I just say I’m “transitioning” not sure from where to what. It’s not a good status. And sometimes I feel like a weirdo. Who am I if I don’t have a job? Am I not important anymore? Are we defined by our jobs?

I used to think I would be like the polar bear in the Barcelona zoo walking from one end of the cage to the other, even if I was let out of the cage. I thought I would not know how to be free and decide what to do with my time. It made me very anxious at the beginning to manage my time by myself. No outlook calendar to dictate what I would do from one hour to the next.

Not having a job feels like being in a train with an unknown destination. Uncertainty makes you anxious and you start thinking about the most horrible things possible. Not that having a job gives you security because we all know we can be fired at any time in almost any job. But when you have a job title it gives you an identity. You know who you are.

Turns out I am still the same person, not pacing in my cage, but actually enjoying my time, my life. Writing this blog. Trying new things. Giving myself the chance to maybe be something other than a job title. Learning to be OK with not knowing where I will end up. Not caring if people look at me weird when I don’t have a straight answer “I am this and that and here is my card”. I still need to figure out how to make a living. I just don’t want to feel like I have to give my life away in exchange. I’d rather take the risk and be surprised.

Do you feel like your job defines who you are? Share your thoughts.

Abuso sin golpes

No sólo con golpes se castiga a la mujer. Hay muchas maneras de humillarla, denigrarla, destruirla. Hay insultos, hay silencios, hay abuso sicológico, hay presión, hay opresión, hay formas de decirle que no vale nada sin tocarla.

Las lesiones físicas son una prueba tangible de abuso y lo hacen más fácil de delatar, pero cuando no hay prueba física del maltrato, puede pasar desapercibido durante años, incluso para la víctima.

Criticar nuestra apariencia física es una de sus armas favoritas. Que si estamos gordas o flacas, que si la ropa que usamos es demasiado sexy o de monja, que si usamos mucho maquillaje o muy poco, que si el pelo está muy largo o demasiado corto. Los novios y esposos se sienten con el derecho de decirle a “sus” mujeres cómo deben lucir.

Un hombre con quien salí hace ya un tiempo me criticó porque la falda que tenía puesta estaba muy corta y me hacía ver demasiado sexy, además le parecía que yo era coqueta. Lo mandé al carajo rápido. He visto con horror a mujeres cambiarse de ropa para complacer a sus parejas. Escuché a un marido avergonzar a su esposa en público por verse muy gorda.

Nos torturan criticando nuestro cuerpo, comparándonos con otras mujeres más bonitas. Usan la comparación con otras para denigrarnos y “ponernos en nuestro lugar”. Para que no seamos “creídas”.

Yo tengo un consejo: si a tu novio no le gusta tu cuerpo, tu cara, o cómo te vistes, déjalo! Nunca dejará de criticarte!

Carrera

En muchas parejas que conozco la prioridad es la carrera del esposo y eso no se cuestiona. El trabajo de la mujer es complementario, algo para mantenernos ocupadas y ayudar a la economía familiar. Si es un trabajo de bajo perfil y donde no llame mucho la atención, mejor.

Un alto índice de mujeres destacadas profesionalmente, pagan su éxito en la oficina con los cachos de su esposo en la casa.

La carrera del hombre bien vale los sacrificios de toda la familia. El hombre tiene una carrera, en el caso de la mujer es solo un trabajo.

Incluso cuando la mujer gana más dinero que el hombre, lo que es cada vez más común, la carrera del hombre tiene prioridad. A menudo cuando ese es el caso, el hombre adopta una actitud crítica, listo a encontrar las “faltas” de la esposa.

La mujer casi tiene que probar que puede hacerlo todo y no fallar en ningún aspecto. Lo cual es obviamente imposible. Porque además, las tareas del hogar siguen siendo la responsabilidad de la mujer.

Humor con dardos

Nos denigran burlándose de nosotras. Nos infantilizan con comentarios que en apariencia son chistosos e inofensivos, pero en realidad son dardos para hacernos pedazos por dentro. “Corres como una niña chiquita”, “No tienes idea de conducir”, “Nunca vas a aprender a sumar 2+2”.

Esa es otra de sus estrategias, hacernos creer que no servimos para nada, que no hacemos nada bien, que nos vemos ridículas intentándolo. Hacernos sentir incompetentes en la casa o en el trabajo. Dirigirse a nosotras como si fuéramos niñas chiquitas o tontas es otra manera de rebajarnos.

Ignorando lo que es importante para nosotras. Si sales con alguien que no te pregunta cómo te sientes, qué es importante para ti, a dónde quieres llegar, cuáles son tus prioridades, sal corriendo!

Con frecuencia las conversaciones giran en torno a lo que es importante para él y no para ella. Se asume que para una mujer “buena” la prioridad es su familia y el bienestar de todos los que están a su alrededor, menos ella misma.

El problema es que muchas de estas actitudes son el resultado de lo que es aceptado y reforzado por la religión, la familia, la cultura en que crecimos. Nos parece normal que nos hablen como niñas y se burlen de nosotras. Estamos acostumbradas a pensar que ser dóciles y sacrificadas son virtudes femeninas.

El abuso emocional deja huellas invisibles y profundas. Acaba con nuestra autoestima, la fé en nosotras mismas, las ganas de vivir. Hay que romper con el mito de la mujer dócil y alejarse de relaciones que hacen daño.

Wrinkles are sexy!

­­­­­­­­A good friend of mine thinks I don´t take good care of myself because I haven´t done any Botox, or facelifts, or used fillings to cover the wrinkles. I am not saying I will never do it. I may change my mind. But I haven´t done it yet and feel fine like this, with wrinkles and all.

I have wrinkles on my forehead and have frown lines. Also around the eyes and on the upper lip. Fortunately, I don´t see them. And when I see them in my face or in the face of another woman, I like them. What is the problem with getting old? It´s true that we live in a time that idealizes youth, but men don´t have the same pressure than we do to look young. Men with gray hair are considered sexy.

I think a woman who doesn´t hide her age is sexy. When you try to hide the signals of time they become even more noticeable. And it shouldn´t be as important anyway.

The obsession to look younger is oppressive and enslaving for women. And it´s a lost cause in any case. The years lived leave a mark and it´s good to have it and show it. Faces without marks loose expression.

The advertising industry, our own believes and everything around us conspire against us to look for the impossible: look like 15-year-olds. When the only thing we can do is change how we feel about getting old.

One of the advantages of getting old is that guys don´t whistle to us in the middle of the street. We are not as “appetizing” and they leave us alone. How liberating! Another advantage is that I don’t have a problem telling a guy that I´m not interested in his advances. I don´t give them a fake phone number. I can just look them in the eye and say I´m not interested, thank you.

There are many, many advantages of getting old. And one of them should be to finally understand that looks are not as important. It doesn´t matter if others like us, only that we like ourselves. We should learn to feel beautiful the way we are.

I would not want to go back to being 20, 30, or 40. With every year I learn to become more comfortable with who I am. To accept my body. To be happy and grateful for my life and the people around me. I know myself better and feel more self-assured. I know how to protect myself. I know what to do on a rainy Sunday. I can´t say I achieved enlightenment but I like turning a year older and saying how old I am. I have struggled to get where I am. For many years I felt uncomfortable telling my age. Now I say proudly I AM FIFTY and I feel sexy!

Las arrugas son sexy!

Tengo una amiga muy querida que piensa que soy descuidada porque no me hago botox, ni me estiro la cara, ni me pongo inyecciones para rellenar las arrugas. No estoy diciendo que nunca lo voy a hacer. Puede que cambie de opinión en algún momento. Pero no lo he hecho y me siento bien así. Con arrugas y todo.

Tengo arrugas en la frente y en el ceño. También se me hacen arrugas debajo de los ojos y alrededor de la boca. Por suerte no me las veo. Y cuando las veo en mi o en otra mujer me gustan. Cuál es el problema con que las mujeres envejezcamos?

Es cierto que vivimos en una sociedad que idealiza la juventud, pero los hombres no tienen la misma presión que nosotras por verse jóvenes. A ellos se les ven “sexy” las canas.

A mi en cambio me parece sexy una mujer que no esconde sus años. Creo que al tratar de esconder las señales de la edad se notan más. Y que se note la edad no debería ser algo tan importante en todo caso.

La obsesión por parecer más joven nos oprime y esclaviza. Y es una batalla perdida de todas formas. Los años vividos dejan sus señales y está bien tenerlas y mostrarlas. Los rostros sin líneas pierden expresión.

La publicidad, nuestras creencias, todo a nuestro alrededor conspira para que busquemos desesperadamente lo imposible: lucir de 15. Cuando lo único que en realidad podemos hacer es cambiar cómo nos sentimos frente a envejecer.

Una de las ventajas de pasar de los 40 es que los tipos no nos silban en medio de la calle. Ya nos somos tan “apetitosas” y nos dejan en paz. Ufff!! Qué liberación!

Otra gran ventaja es que no tengo ningún problema en dejarle saber a un tipo que no estoy interesada en sus avances. Ya no me invento un número de teléfono falso. Lo puedo mirar de frente y decirle “No estoy interesada, gracias”. Arriesgándome, claro, a que se ponga grosero o agresivo. Pero no me importa.

Hay muchas, muchas ventajas de ser más maduras y haber vivido. Una de ellas debería ser no darle tanta importancia a cómo lucimos. Sentirnos lindas como somos.

Si lo pienso, no quisiera volver a tener 20, 30 o 40 años. Con cada año aprendo a sentirme más cómoda con quien soy. A aceptar mi cuerpo. A estar contenta y agradecida por mi vida y la gente que me rodea. Me conozco mejor y me siento más segura de mí misma. Sé cómo protegerme. Sé qué hacer un domingo lluvioso. Aunque no puedo decir que alcancé la iluminación, me gusta cumplir años y decir cuantos tengo.

He luchado para llegar a donde estoy. Durante mucho tiempo me ponía incómoda con decir mi edad. Ahora digo orgullosamente TENGO 50 AÑOS y me siento sexy!

Feminist without a discourse

I was fortunate to be the daughter of a feminist. I think it´s probably one of the main influences I´ve had in my life. My mother was, what one of her good friends called a “feminist without a discourse”. She wasn´t a militant of any movement. She had a strong character, she knew what she wanted and she lived under her own terms. She didn´t give in to the conventions of the sexist and conservative culture where she grew up.

She didn´t need a husband to support her. She was the head of household and she raised my sister and me all by herself. She was a successful professional at a time when there weren´t a lot of women in high ranking jobs in Colombia. She didn´t know how to cook, she loved to dance and had a lot of friends, for whom she was the connector. Her best legacy was the endearing love of her million friends that my sister and I inherited. We all still feel the void she left and it still hurts.

I have come to appreciate my mother in her real dimension only after her death. How sad! Her sudden and premature death left me in a state of shock from which I still am trying to recover. We had a close and turbulent relationship. We have very similar personalities and have the same character. We fought constantly, hurt each other, said mean things, stopped talking to each other. But we always remained close to each other, we were there and we felt proud for each other.

Her unexpected death robbed us the possibility of… I don´t know what. Something that I would have wanted and couldn´t be, something I cannot name. But that is gone and is not coming back.

Telling her story fills me with pride. She came from a middle class family in Cucuta, a small town in the border between Colombia and Venezuela. When she finished high school, she used her innate intelligence to negotiate with her father let her go to college. Women weren´t supposed to study past high school. They were destined to get married and have children. But not her. She knew she wanted more. She wanted to learn. She wanted to travel. She was curious and had a passion for life.

She went to school at the Universidad Nacional in Bogota, the best public university in Colombia. She was a student of Camilo Torres, the revolutionary priest, whom she adored. It was the 60´s the decade that transformed society. She met my father at the Universidad Nacional where he taught English. She got a scholarship to do postgraduate studies in sociology at the Sorbonne University in Paris and went to live there with my father. I was born in Paris without a warning. My parents got married when she was five months pregnant with me to facilitate the paperwork in the conservative France of the time. Not for any other reason. Not for religious reasons or because she cared what people thought.

My father was a writer and didn´t have a stable income, so she paid the bills from the beginning. They got divorced after seven years.

My mother didn´t come from an affluent family and didn´t have “godparents”. She had a special magnetism due to her wits, her sense of humor, and her beauty. She made friends everywhere and led a very active social life. She was the friend and confident of ministers, directors of newspapers, writers, artists, chefs, academics, etc. She loved to go out and party and she knew everything that happened in Colombia. She wrote for many years for Teléfono Rosa, one of the most read columns in El Tiempo, the leading newspaper in Colombia.

She was a natural connector. If she knew someone did something that could be of interest to someone else, she would put them in contact. She helped people without expecting anything in return and without bragging about it. She liked that: connecting people. When I talk to her friends they still say they feel disconnected and lost without her. I feel the same.

At her funeral there were intellectuals, politicians, artists, lawyers, hippies, people from all sorts of life. It was a big church and we couldn’t fit everyone. Those demonstrations of love kept me going at the time. In that shared love we kept her with us.

My mother lived her life intensely. She enjoyed every minute. She didn´t miss a good trip, a good meal, didn´t skip a Festival Vallenato. She fell in love many times. She was the life of the party. Maybe she intuitively knew she wouldn´t have a lot of time and she enjoyed everything she could. That is her biggest lesson. To always keep going, to enjoy every thing you can. To live life.

Mi mamá: una feminista sin discurso

Tuve la fortuna de ser hija de una feminista. Creo que es lo que más me ha marcado en la vida. Stella Villamizar, mi mamá, era lo que uno de sus grandes amigos llamó una “feminista sin discurso”.

No era militante de ningún movimiento. Era una mujer de carácter, sabía lo que quería, vivió bajo sus propios términos, rompió esquemas, tenía el timón de su vida en sus manos. No cedió a las convenciones de la sociedad conservadora y machista donde nació.

Nunca necesitó un marido que la mantuviera, ella era cabeza de familia y se las arregló para sacarnos adelante a mi hermana y a mi sola. Fue una profesional destacada en una época donde no había muchas mujeres en cargos de responsabilidad en Colombia. En Cali era la única mujer miembro de la Junta Directiva en la empresa donde trabajó.

No sabía cocinar, le gustaba bailar, tenía miles de amigos y era el conector de todos. Su mejor herencia es el amor entrañable de sus amigos que heredamos mi hermana y yo. El vacío que nos dejó todavía se siente y todavía duele.

Yo he venido a apreciar a mi mamá en su dimensión real, su valor, su visión, su verraquera, solo después de que murió. Qué tristeza! Su muerte prematura y repentina me dejó en un estado de shock del que todavía trato de recuperarme.

Tuvimos una relación cercana y turbulenta. Somos muy parecidas en personalidad y en carácter. Peleábamos constantemente, nos hicimos daño, nos dijimos cosas, nos dejamos de hablar. Pero siempre cerca, siempre solidarias y orgullosas la una de la otra.

Su muerte abrupta nos negó la posibilidad de … no sé de qué. De algo que hubiera querido y no se pudo y no logro nombrar, pero eso se fue y no tiene vuelta atrás.

Contar su historia me llena de orgullo. Venía de una familia de clase media de Cúcuta, una ciudad pequeña en la frontera entre Colombia y Venezuela. Cuando terminó el colegio tuvo que pelear y negociar con su astucia innata para que el papá la dejara ir a la universidad. Las mujeres no estaban supuestas a estudiar después del bachillerato. Estaban destinadas a casarse y tener hijos. Pero ella no, ella sabía que quería más. Quería aprender. Quería viajar. Tenía curiosidad, era una apasionada por la vida.

Estudió en la Universidad Nacional de Bogotá, la mejor universidad pública de Colombia. Fue alumna del cura revolucionario Camilo Torres, a quien adoró. Eran los años 60, la década que transformó la sociedad. Allí conoció a mi papá, que era profesor de inglés en la Nacional. Consiguió una beca para hacer una especialización en sociología en la Universidad Sorbona en París y se fue con mi papá a vivir allá. En esas llegué yo, sin avisar. Mis papás se casaron en París cuando ella tenía cinco meses de embarazo para facilitar los procesos legales, no por ninguna otra razón. No por la religión, ni por el qué dirán.

Mi papá era escritor y no tenía un salario estable, así que desde siempre fue ella la que se hizo cargo de los gastos de la casa. Mis papás se separaron después de siete años.

Mi mamá no tenía padrinos, ni venía de familia adinerada. Tenía un magnetismo especial por su inteligencia, su sentido del humor y su belleza. Y tenía amigos en todas partes. Su vida social era muy agitada. Era amiga y confidente de ministros, directores de periódicos, escritores, periodistas, chefs, pintores, relacionistas públicos. Le fascinaba salir, rumbear, sabía todo lo que pasaba en Colombia. Durante muchos años escribió para la columna Teléfono Rosa, una de las más leídas de El Tiempo.

Era un conector natural. Si sabía que alguien hacía algo que le podía interesar a otra persona, los ponía en contacto. Ayudaba a todos los que podía, sin dárselas de santa, ni esperar nada a cambio. Le gustaba eso: conectar a la gente. Todavía cuando hablo con sus amigos lamentan sentirse desconectados y perdidos sin ella. Igual que me siento yo.

A su funeral fueron intelectuales, políticos, artistas, músicos, hippies, abogados, gente de todas partes. No cabían en la iglesia. Esas demostraciones de cariño de todos sus amigos me mantuvieron de pie en esos días. Entendí por qué es importante ese ritual. En ese amor compartido conservamos algo de ella.

Mi mamá vivió intensamente. Disfrutó cada cosa que pudo. No se privó de ningún viaje, ninguna comida rica, ningún Festival Vallenato. Se enamoró cuantas veces quiso. Era el alma de las fiestas. Tal vez intuía que no le sobraría el tiempo y lo aprovechó. Esa es su mejor enseñanza. Seguir siempre adelante, disfrutar todo lo que se pueda. Vivir la vida.

Matilde Suescún

El machismo tiene muchas formas

Hace unos años un amigo logró convencerme de que el problema conmigo no era tanto lo que yo decía, sino el “tono” que tenía al hablar. “Es el tono Mati, la forma como dice las cosas”. Y yo me lo creí. A las mujeres nos enseñan a ser sumisas y dóciles desde chiquitas. Nos enseñan a hablar con una voz aguda y a terminar las frases en subida, como si estuviéramos preguntando algo. No suena bien que nosotras digamos cosas con convicción, afirmando como si supiéramos de qué estamos hablando. El uso del afirmativo y el imperativo nos es prohibido a las féminas! No nos suena bien.

Nos tildan de brujas, faltas de macho, histéricas, y la lista sigue. Hay miles de palabras para insultar a las mujeres. Aprendemos desde niñas y sin darnos cuenta, a presentar nuestras ideas y teorías de manera que no ofenda a nadie. Empezamos las frases con palabras como “Tal vez”, “Qué tal si intentamos”, “Yo creo…” Para que el hombre sienta que es él quien aprueba.

Después de esa conversación con mi amigo, estuve ensayando cómo decir las cosas con otro “tono”. Tengo un tono de voz grave y un carácter fuerte y por eso me he sentido culpable, me he metido en problemas. He sido tildada de “dominante” y “brusca”. Adjetivos muy malos para una mujer. Los hombres dominantes en cambio, son respetados y admirados. Los bruscos son sexys.

Otra clásica forma de machismo es el famoso “mansplaining”, convertido en verbo por el libro Men Explain Things To Me de Rebeca Solnit. Hay que leerlo. Me ayudó a ver claramente porqué me sentía tan incómoda cuando me hablaban como si no entendiera nada. Antes me daba rabia, ahora me da risa y me voy cuando un hombre empieza a explicarme el mundo como si yo tuviera cinco años. No importa si uno sabe más sobre el tema, el hombre tiene que explicarnos las cosas. Los hombres se sienten con el derecho inherente de darle sentido al mundo y explicárnoslo. Solo por el hecho de ser hombres. Muchas veces nuestro punto de vista ni siquiera importa. No hay diálogo, es un largo y aburrido monólogo en lugar de una conversación.

Incluso hablando con amigos, me doy cuenta de que ellos tienen que tener la última palabra en una discusión. Y adoptan un tono condescendiente “No, tú no entiendes, las cosas son así”. Y no hay manera de que no ganen la discusión. Ellos saben más.

En reuniones de trabajo, frecuentemente los miembros del sexo masculino, que son los que manejan los presupuestos, los que tienen los cargos más altos, también son los que dominan las discusiones y toman las decisiones finales. A las mujeres nos dejan alegar, hablar un rato, pero al final ellos tienen la última palabra.

El machismo se vive en todas partes y de mil maneras. A veces estamos tan acostumbradas que no nos damos cuenta. Cuál es tu historia más reciente de machismo? Compártelo aquí.