No hay que ser científico de la NASA para aprender a cambiar un pañal

Cuando mis hijos estaban chiquitos, si algún amigo o familiar veía al papá de mis hijos cambiar un pañal, lo celebraban con bombos y platillos. “Pero qué padre tan bueno es!”. Me miraban admirados de la suerte que tenía con un hombre así a mi lado. Lo llenaban de elogios por ser un padre increíble. Era como si hubiera llevado a cabo un acto heroico. ¡Por cambiar un pañal!!!

No importaba si yo había bañado a los niños, los había vestido, había preparado la comida, les había lavado la ropa, los había llevado al parque, nada de eso contaba para una expresión de aprecio. Eso es lo mínimo que hace una “buena mamá”.

No sólo se da por hecho que esa es la obligación de la mujer, se espera que lo cumpla a cabalidad, todos los días sin falta y sin quejarse. Y es juzgada y llevada a la hoguera si falla en algo, si deja un pañal sin cambiar, o no está la comida lista a tiempo, o la ropa está sucia. No hay nada peor en la cultura latina que una “mujer descuidada”.

La lista de las “obligaciones” domésticas impuestas exclusivamente a la mujer desde siempre es eterna. Hay que ser mujer y ser mamá para saberlo. No alcanzan las horas del día para llevarlas a cabo y nunca terminan.

Se sobreentiende que el cuidado de los hijos y el manejo de la casa le corresponde a la mujer. No importa si la mujer trabaja fuera de la casa o no. Las tareas domésticas siguen siendo nuestra responsabilidad. Eso no se considera trabajo, no es remunerado, no es apreciado y en la gran mayoría de los casos, no es compartido.

¿Hasta cuándo vamos a seguir pensando así? ¿Hasta cuándo vamos a enseñarle a nuestras hijas que deben aprender a cocinar y a limpiar, mientras sus hermanos no tienen que siquiera levantar el plato de la mesa?

Conozco mujeres que caen en su propia trampa y piensan que ellas lo hacen mejor que sus esposos y se cargan con todas las obligaciones del cuidado de los hijos y las labores del hogar porque “ellos no lo saben hacer”.

Otras se resignan a hacerlo todo porque están cansadas de pelear y prefieren evitar conflictos. Convencidas de que no hay posibilidad de negociar, que nada va a cambiar de todos modos.

No hay que ser científico de la NASA para aprender a cambiar un pañal o preparar una comida. Hay que querer hacerlo. Hay que apreciar que el tiempo y el esfuerzo de la mujer vale lo mismo que el del hombre. Que tenemos el mismo derecho de descansar y de tener tiempo para nosotras que tienen ellos.

¿Cuándo vamos a dejar de pensar en la mujer como el caballo de carga de la familia? La administradora-cocinera-cuidadora-encargada de la limpieza-coordinadora de horarios-chofer-tutora-etc-etc-etc? Podría escribir mil etc más.

Cada vez hay más mujeres profesionales con posiciones de responsabilidad y cumpliendo horarios de trabajo extenuantes. Pero cuando llegan a la casa, regresan a la Edad de Piedra. La mujer se pone el delantal y asume su posición de sierva mientras el hombre se relaja y hace lo que le da la gana.

Conozco muy pocos casos donde hay igualdad en la repartición de las tareas domésticas. Reconozco que hay algunos, pero son muy pocos. Y la manera como se posiciona el asunto es que el hombre le está “ayudando” a la mujer. Yo me acuerdo que le pedía al papá de mis hijos “ayuda” con el tono más dulce posible (no era muy dulce). Como si en realidad todo el trabajo fuera mi responsabilidad y él estuviera “dándome una mano”. Cayendo en un paracaídas de vez en cuando en mi territorio: la casa y los niños.

¡No es así! Esto que voy a decir es obvio, pero al parecer no para muchos: las tareas de la casa y los hijos son responsabilidad de la mujer y del hombre (si hablamos de una pareja heterosexual). Limpiar, hacer las compras, mantener la casa, cocinar, criar hijos, vestirlos, bañarlos, darles de comer, hacer las tareas, en fin, todo, absolutamente TODO es obligación de las dos partes. No entiendo cómo esto no es la norma y la regla. ¡Estamos en el siglo XXI!!!

No hay ninguna evidencia científica que compruebe que la mujer está mejor equipada para hacerlo. Es una tradición con la que hay que terminar si queremos construir una sociedad más justa y equilibrada. Y es la única manera de lograr parejas que funcionen y familias felices.

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1 thought on “No hay que ser científico de la NASA para aprender a cambiar un pañal”

  1. Cuando yo trabajaba en Univision 12 y 14 horas al día me sentía, y me hacían sentir algunos, una mala madre por no estar ahí 24-7 para llevar a mis hijos al pediatra, hacer papillas frescas diarias, etc. Nadie cuestionó nunca que gracias a mi trabajo conseguimos la residencia, la ciudadanía, pudimos mantener un mortgage e ir a visitar a nuestras familias. Que mis hijos iban a buenos daycares, y lo tenían todo.
    Por mi lado, me hicieron sentir siempre una ¨esclava¨del trabajo lo cual me hacía sentir culpable, sin embargo llegaba el fin de semana y hacía la colada, dobabla la ropa, cocinaba, limpiaba la casa. Pinté todas las paredes de mi casa yo sola. Pero nunca fue suficiente.
    Dejé mi trabajo y decidí downsize para estar ahí más por mis hijos y de repente me convertí en la inconsciente que dejó un buen trabajo y ahora no tiene dinero para pagar private school, pero cómo me disfruto a mis hijos cuando estamos en casa juntos. No más laptops.
    Qué sociedad más hipócrita. Si decides ser ama de casa no ¨haces nada todo el día¨ aunque te pases el día haciendo camas, lavando ropa, planeando cenas. Si decides trabajar, eres una mujer que ¨no quiere estar en su casa, el trabajo es su escape, no quieres a tus hijos¨.
    Nunca ganamos, sigue habiendo hipocresía y machismo frente a este tema.
    Gracias Mati, right on.

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